Una sardina sola

Lágrimas veraniegas

27.06.2011 // Banessa Pellisa

Para disimular... ahí va un texto repescado de la sección Singersongwriter de la revista.

 

Habla de la gran canción de Smokey Robinson 'The tracks of my tears' y lo hace con el estilo pomposo y arrogante del que entrega a última hora. 

 

 

La sección songwriters de este mes (que no es "este" mes, lector del blog) está dedicada al poeta laureado de América, Smokey Robinson que se ganó el honor dignamente, sin moverse de su sillón de vice-presidente en la Motown y sin someter su talento a la Reina de Inglaterra componiendo elegías palaciegas. Bob Dylan dijo de él que era el "poeta más grande de América", Lennon y Harrison le consideraban un genio y canciones como ésta "The track of my tears" son la prueba del budín, que al comerlo resulta ser riquísimo.

 

Smokey Robinson escribe como un poeta pero lo más importante es que canta como si se le fuera el alma, como si estuviera a punto de traspasar, con la energía gastada y furiosa del último ataque antes del final, la canción de un tipo que mantiene a toda costa un yo social extrovertido y empático - a costa, de hecho, de sí mismo y que, todo apunta, está cerca del fin. Sus personajes siempre andan al borde del abismo, en situaciones comprometidas y complicadas de las que es difícil salir airoso. Bien porque la situación es insosteniblemente dolorosa o porque todo apunta hacia una resolución trágica del conflicto, Smokey canta canciones de gente que parece estar a punato de implosionar.

 

 

 

Lágrimas veraniegas 

 

 


Aquí está uno de esos temas, sobre alguien al límite, sobre un señor que está pronto a desaparecer. "The Track of my Tears" es el paradigma de las canciones sobre corazones rotos, un modelo sobre el que se construyen cien mil imitaciones de yeso a lo largo de la historia de la música popular, y que trata de explicar, como harán otras, qué ocurre cuando la pérdida se convierte en el único motivo de tu vida.

 

En parte, la gracia está en que la figura de la amada sea apenas perceptible, una sombra sin personalidad ni ninguna característica determinada aparte de ser, según parece, inconmovible e inhumana. No hay nada que hacer, puede que se la necesite pero el camino está barrado. 

He aquí un dandy que mantiene las apariencias, lo que le ahorra sentimientos como la lástima o la desesperación y le convierte en blanco de la desdicha y la nostalgia, un sentimiento más reposado que melodramático que inspira además nuestra simpatía y cariño. Bien es sabido que un hombre triste e inmensamente atractivo. Cualquiera que haya visto uno de lejos sabrá que la ternura y el deseo que inspiran son absolutos. Ante el desamor ajeno uno se siente conmovido e impelido al abrazo y al consuelo. Por suerte, y aunque no nos gusta ver a nadie lamentándose, en el fondo, nos alegramos de no ser nosotros los que sufrimos. Es el movimiento que sostiene la música pop, somos espectadores del dolor ajeno, no protagonistas. Escuchamos canciones tristes mientras conducimos o cocinamos y eso es así porque no nos afectan demasiado, el dolor no es el nuestro. Chico, lo estás pasando mal, vamos a tomar un café y luego me voy a casa.

 

En este sentido, "The track of my tears" se parece mucho a "Tears of a Clown", otra de las grandes canciones de Smokey, pero por algún motivo llega más lejos y se explica mejor. A algunos nos parece incluso mejor canción, más real, más material. Cuando dice "Outside I'm masquerading, Inside my hope is fading" estamos oyendo a un hombre cuyo sufrimiento no admite más trasiegos, si la esperanza está desvaneciéndose todo apunta lo que queda por delante es un valle de lágrimas. Sin perspectiva de futuro, el corazón hecho añicos sólo puede mirar atrás y lamentarse eternamente. 


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