Cine

"Declaración de guerra"

de Valérie Donzelli (Francia, 2011) 

Toni Junyent

Leyendo "Stone junction", una estupenda novela de Jim Dodge, me encontré con que Thomas Pynchon la define, en el prólogo, como "una fiesta sin fin donde se celebra todo lo que importa". Aunque no tengan nada que ver, la cita le viene que ni pintada a la extraordinaria segunda película tras la cámara de Valérie Donzelli.

 

"Declaración de guerra" no se adscribe al género bélico ni al dramático: es más como una epopeya deportiva, en esas contadas ocasiones en las que el deporte trasciende el mero producto de consumo circense que hoy es y se convierte en algo por lo que vale la pena luchar. Y reír. Y llorar. El equipo contrario es aquí el cáncer que se cierne sobre Adam, el hijo de dieciocho meses de Roméo y Juliette, interpretados por Jérémie Elkaïm y la misma Donzelli, pareja en la vida real y padres de un niño que, como Adam, tuvo que superar un tumor cerebral.

 

La actriz y cineasta francesa no entona un lamento sino que lleva a cabo un hermoso exorcismo, convirtiendo el calvario vivido en un festival cinematográfico rabiosamente colorista que remite al Godard de los sesenta y al Leos Carax más desbocado y musical. Más que una declaración de guerra, la película de Donzelli es un parte victorioso, un aplauso rotundo para todos aquellos que no se dejaron impresionar por la palabra cáncer.

 

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