Cine
El Festival de Cannes 2011 llega a su fin con filmes como "Guilty of romance" de Sion Sono, "Drive" de Nicolas Winding Refn, "The Day He Arrives" con Hong Sang-soo experimentando con la comedia, "Les Bien-aimés" de Christophe Honoré y la aplaudidísima "The Murderer" de Na Hong-jin. Un cierre de lujo.
Festival de Cannes día a día (8)
Octava jornada
El cine de Sion Sono es un festival. "Love Exposure" dinamitaba la narrativa convencional con un prólogo de una hora de duración que podía ser una película en sí misma. "Guilty of Pleasure" arranca con mayor celeridad e igual contundencia, con el rostro empañado de una mujer contra la ducha, mientras hace el amor con un hombre al que no vemos. Ella es policía y una llamada la lleva hasta un barrio de prostitutas, donde ha aparecido el cadáver troceado de una mujer. Esta escena, rabiosa, colorista y violenta, abre una película que entra de lleno en un mundo de exceso. Una ama de casa sumisa se inicia en el mundo del porno primero y en la prostitución después; mientras, se dedica también a promocionar salchichas en un supermercado. Sion Sono no se corta un pelo y monta con tan sólo un corte las acciones de cada una de estas dispares labores: la vemos follando alocadamente y al plano siguiente, con una sonrisa, el delantal y el frankfurt. Como "Love Exposure", "Guilty of Pleasure" está narrada por capítulos. Y como si fuera una novela o una trepidante serie, cada episodio termina con una puntuación, un giro, una nueva información.
"Drive" de Nicolas Winding Refn
La esperada última película del director de "Valhalla Rising" y "Bronson" (Sitges 2009) se inicia con una persecución al estilo de "Diver" de Walter Hill. Un hombre, especialista de Hollywood, mecánico y conductor profesional en robos, acompaña a dos ladrones tras un atraco. Primero lo vemos en su casa, ultimando el golpe mientras un partido de baloncesto entre los Raptors y los Clippers aparece de fondo en la televisión. Luego lo vemos en el coche, escapando de una policía que le pisa los talones; con la radio retransmitiendo el partido. Winding Refn filma casi toda la escena desde el interior del coche, reafirmando el carácter indisociable del personaje con su contenedor, el coche. El partido, un detalle aparentemente casual, pasa a ser capital para la narración: la secuencia termina en estadio de los Clippers, donde el conductor aparca el coche y termina confundiéndose con la marabunta de personas que salen tras el encuentro de baloncesto. Con una marcada estética ochentera y con una banda sonora que cobra protagonismo, "Drive" conduce con destreza en el terreno del cruce genérico (romance, intriga, acción, gore). Winding Refn maneja a su antojo el tiempo: desde el reloj que corre hacia el final de un partido de baloncesto y de una persecución policial al tiempo detenido, por una cámara lenta, de un intenso beso que precede a una masacre.
"The Murderer" de Na Hong-jin
Después de asombrar con "The Chaser", un thriller con paisaje urbano de fondo en el que el perseguidor era tan brutal como el perseguido, Na Hong-jin da un paso adelante y arma un filme en el que los personajes, situaciones y lugares se multiplican hasta formar un thriller de altos vuelos. "The Murderer" sigue la tradición del cine negro, en la que la intriga criminal se mezcla de manera inexorable con la crítica social (el protagonista es un hombre convertido en asesino a sueldo por necesidad). Eso sí, como en el cine de Michael Mann, aquí el noir ya no se rueda en un blanco y negro de celuloide, sino en un digital cuya nocturnidad resulta grisácea o sepia ("Collateral", también "The Chaser"). Como en "Drive", la acción se mueve entre la austeridad y la grandilocuencia: las dos secuencias más importantes de "The Murderer" resultan absolutamente distintas. Por un lado está la vigilancia que el protagonista monta ante un edificio blindado: Na Hong-jin muestra cada elemento, las luces que se encienden, la persiana que se abre, los personajes que entran, para poco a poco ir adentrándose en una acción llena de silencios y de detalles. Por el otro está un choque múltiple en plena persecución, un momento de acción pura y espectacular que hizo que la sala Bazin de Cannes se destapara en aplausos.
"The Day He Arrives" de Hong Sang-soo
Hong Sang-soo sigue explorando la vía de la comedia. En el foco sigue estando una figura hecha a imagen y semejanza de sí mismo: un director regresa a su ciudad natal donde encuentra amigos del pasado. Como si fuera un Woody Allen a la coreana, Hong asienta las bases de su película en diálogos casuales e hilarantes. La sencillez se sustenta en las repeticiones, en los sutiles movimientos de cámara y en los zooms marcados que dirigen nuestra atención a algún personaje en concreto. Hong no necesita mucho más, pues hace tiempo que sabe que hoy por hoy es el cineasta que mejor entiende del amor, de las relaciones entre las personas y del tiempo tan aparentemente vacuo como rico pasado en un bar bebiendo cerveza. Su puesta en escena parece naturalista, pero en la sencillez de la narración y del blanco y negro de "The Day He Arrives" se esconde el poso introspectivo del que el director coreano ya hacía gala en películas como "Turning Gate".
"Les Bien-aimés" de Christophe Honoré
Ataviado de una aureola que le autoproclama continuador de la tradición de cine musical francesa, Christophe Honoré sigue en la senda del musical coral con historia de amor de fondo. "Les Bien-aimés" sigue las pistas de Jacques Demy: con música y con un tono que va de lo colorista a lo trágico. A Honoré le sienta bien jugar al sentimentalismo, al detalle grueso, como las secuencias iniciales, en la que un zapato hace que una joven dependienta se haga prostituta y conozca así al futuro padre de su hija. Su campo de acción es el de las emociones inmediatas. No el de la retórica y los tiempos muertos, algo que impera en "Les Bien-aimés", película que, eso sí, hace lucir la alfombra roja con la musa de Demy, Catherine Deneuve, y su hija tanto en el filme como en la vida real, Chiara Mastroianni.






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