Cine

Sobre el cese de José Luis Cienfuegos
Descubrí Gijón gracias a su Festival de Cine, y desde entonces no he faltado a la cita. En la pasada edición, me quedé todos y cada uno de los días, porque tenía miedo de que esta edición fuese la última, por aquellos densos nubarrones que amenazaban en el horizonte, y tuve la Epifanía que resume lo que, en mi caso, han sido tal vez doce años de amor apasionado con Gijón, mi relación más longeva. 

Sobre el cese de José Luis Cienfuegos

Mi historia de amor con Gijón

Philipp Engel
La Epifanía: Acababa de levantarme de la butaca de ver la última de Balabanov, y me llevé las manos a la cabeza, como en éxtasis por el calibre del delirio que acababa de disfrutar en la gran pantalla, y solté, para mí mismo, porque en aquel momento no iba acompañado: ¡Cómo se le va la olla a Balabanov! ¡Cómo se le va la olla a Balabanov! me contestó una Señora de la que me enamoré ipso facto. Me recordó en un relámpago a Felicidad Blanch y me pareció el culmen de la elegancia y el saber estar, perfecta toda ella con su peinado impecable y su abrigo de pieles. Y camino de la salida de los Cines Centro, departimos alegremente sobre el ruso, sobre "Morphia", que habíamos visto el año anterior o tal vez el otro, y nos reíamos recordando cosas de "Cargo 2000" y "Brother" uno y dos, amén del baño en el océano del propio Balabanov que, completamente vestido y borracho, en medio de la noche, cometió la temeridad de adentrarse en las aguas del océano.

 

A lo largo de todos sus años en el cargo, José Luis Cienfuegos, y su siempre joven e inquieto y simpático equipo, no sólo ha logrado componer una programación apasionante, prácticamente sin parangón en nuestro calendario festivalero y con el presupuesto más ajustado –el sexto, exactamente, entre los festivales de primera línea que animan nuestra piel de toro-, sino que ha conseguido, y no sé qué es más importante, que la gente de Gijón se volcara con una programación, exigente y rigurosa, seleccionada entre lo más granado de los grandes festivales internacionales.

 

Año tras año, lo mejor del año, para quien no tiene la oportunidad de recorrer el mundo de festival en festival, se veía en Gijón, y pocas cosas me han emocionado tanto en la vida como ver el Teatro Jovellanos lleno hasta la bandera de un público callado, respetuoso y expectante ante una película que no se parecía en nada a la misma película que puede verse, con diferentes títulos, todos los fines de semana, en la cartelera comercial.

 

He descubierto una inmensidad de cine en Gijón, y también he visto películas que me han gustado menos, pero nunca, nunca he visto una sola película que me llevara a pensar que no se debería haber incluido en la programación. Nada por debajo de los criterios de calidad, todo en acorde con la filosofía de un festival que se propone ser una ventana a la vanguardia del mundo de la cinefilia. Gijón ha sido, venimos muchos años repitiéndolo, nuestro festival favorito, por su programación insuperable, por el ambiente de comunión cinéfila que se respiraba en la ciudad, y por todo lo que esta tenía de increíblemente acogedora. Pero, por desgracia, parece que esta historia de amor se ha acabado.

 

Nos parece –puedo hablar en plural, porque el sentir es general- intolerable que a alguien se le cese por hacer bien no, inmejorablemente bien su trabajo. No lo entendemos. Lo que ha dado el festival a la ciudad y al mundo de la cinefilia en general nunca tendrá suficientes palabras de agradecimiento. Y parece que, a pesar de todas estas excelencias, de todos estos grandes momentos vividos todos juntos, esta historia de amor ha tocado al más triste fin. Nos preguntamos los motivos. Nada de lo que se ha dicho nos parece convincente, y nos olemos que sólo es política, y no política seria y responsable precisamente.

 

Yo no soy hombre de izquierdas ni de derechas, procuro mantenerme al margen de estas cosas, pero me parece terrible, triste, desesperante, que la Cultura y el trabajo bien hecho dependan de decisiones tan irresponsables que no hacen más que evidenciar que, en cuanto a cultura, los que mandan en este caso no tienen ni la más remota idea de lo que se traen entre manos.

 

El cese de José Luis Cienfuegos es uno de los ejemplos más elocuentes de que este país sencillamente se va a la mierda.

 

Matar la cultura no va a solucionar nada. 

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Comentarios


Anónimo
13.01.2012 // 19:32:13

No se puede decir más claro lo que está pasando. Un atentado cultural, barbarie en estado puro



Anónimo
16.01.2012 // 12:51:02

fantástica reflexión, philipp, qué fácil es destruir lo que tanto ha costado conseguir...y qué dañinas estas revanchas políticas.
también yo he hecho mi pequeña aportación, que por inútil se queda sólo en un grito de rabia e impotencia, a la última gran vergüenza de la gestión cultural en asturias: http://gijonfilmfestivalstyle.blogspot.com/
qué triste y pequeño y gris nos están volviendo el mundo...
abrazo enorme!
e.



Anónimo
17.01.2012 // 18:18:53

ya, yo tampoco puedo estar más triste.

P:(



Anónimo
14.03.2012 // 18:12:14

Leonardo Lopes / Concordo exatamente com a frase que foi dita no texto. O ganjumelto tem vindo daqueles que ne3o saem da zona de conforto. E talvez por se verem sendo passados para tre1s por essas pessoas que podem ser diferentes na forma de se vestir e de acessf3rios inusite1dos preferem julgar e0 enxergar a palavra de Deus sendo levada a Todas as tribos povos e rae7as. Deus ne3o muda estilo, Ele transforma o corae7e3o! Essas pessoas das tribos undergroud como foram referidas no texto podem ser a fanica esperane7a de muitas outras pessoas que ne3o teriam uma outra oportunidade de ouvir de Jesus. He1 pessoas que ao receber o Senhor em seus corae7f5es podem ter a vontade de mudar, mas outros ne3o. E quem somos nf3s para decidir se isso e9 certo ou ne3o? Eu agradee7o a Deus po existirem pessoas assim e agradee7o pelas vidas que se3o salvas por eles.



Anónimo
16.03.2012 // 04:19:49

LXreS8 tillpyhhatsg



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