Cine
"The Shadow Line"
Algunos hombres malos
Desde la desaparición de "The Wire", la televisión de calidad no ha sabido dar con una fórmula que aúne con tanta destreza hiperrealismo callejero, thriller político y docudrama mafioso. Ni por asomo. O al menos eso era lo que yo pensaba hasta que, rebuscando en los baúles de la BBC, he dado con "The Shadow Line", un producto que, como su propio nombre indica, se ha movido este año en las sombras, sin levantar excesiva polvareda entre el gran público, pero despertando el asombro y la adhesión más incondicional de los que lo han catado y han sobrevivido al síndrome de Stendhal para contarlo. La pulsión que me impide hablar de ella es fuerte, pues muchos de los que se proclaman serieadictos ni tan sólo saben que existe y, la verdad, apetece mantener tan exquisito bocado en petit comité. De todos modos, las costuras de este traje son tan endiabladamente perfectas que sería una auténtica pena dejarlo en el armario y no lucirlo ante los que no saben salir de "Dexter", "Cómo conocí a vuestra madre", "The walking dead" y otras obviedades. Esta serie come aparte. Es la producción más redonda y desafiante del año con diferencia.
Todo comienza con un cadáver. Un capo mafioso británico aparece con un bonito agujero de bala en el ojo, horas después de salir de la cárcel gracias a un sospechoso indulto real. Es sólo la puntita visible de un iceberg cuyas proporciones sobrepasan las expectativas más épicas del espectador. Desde la magnética escena inicial, con dos policías examinando al muerto en plena oscuridad, la trama comienza a describir una parábola de complejidad que va sumando y sumando y sumando factores hasta proponer una ecuación tan compleja como satisfactoria si consigues llegar a su resolución sin perder la chaveta.
No es "The Shadow Line" un aperitivo ligero, ni mucho menos, en términos gastronómicos sería como el exigente botillo que sirve Luis del Olmo a sus colegas. Detrás de este ágape de digestión lenta y masticado concienzudo encontramos un solo cocinero, Hugo Blick, que escribe, produce y dirige los siete episodios de una hora que ocupa la historia. El David Simon británico, como muchos le han bautizado ya, se revela como un superdotado, una mente prodigiosa capaz de articular un argumento mareante que se sirve de las formas clásicas del thriller para llevarnos a una exploración inversa del concepto cebolla. Mientras la mayoría de series afines disponen todas las capas desde el inicio para que el espectador las vaya eliminando, "The Shadow Line" comienza desde dentro y va sumando capas y más capas a la historia, complicándola hasta límites extremos y nada recomendables para tipos con déficit de atención. Si pestañeas corres el riesgo de irte a la cama preguntándote qué demonios ha pasado.
Estructurada sobre la perspectiva de los distintos y numerosos personajes atrapados en la telaraña, "The Shadow Line" entremezcla las historias de cada jugador, integrando sus dramas personales en un guión poliédrico que poco a poco, y pese a contener incontables variables y subtramas, va integrando cada pieza con precisión quirúrgica en el argumento global, una conspiración elaboradísima y exigente en la que los buenos y los malos, la Ley y el hampa, se confunden y retroalimentan. Un mafioso de la nueva escuela absolutamente loco, un detective con amnesia y una bala enquistada en el cerebro, un misterioso asesino de exquisitos modales que parece sacado de una película de espías, un jefe de policía corrupto, un traficante turco al que no te gustaría tener como enemigo... No hay un solo personaje que no sea fundamental en esta ópera de muerte y ambición.
Y es que "The Shadow Line" es lo más parecido a una sinfonía que comienza con una línea de violín y poco a poco va añadiendo instrumentos hasta obturar tus sentidos. Cuando crees que aquello es un caos estrepitoso, el director de orquesta da un bandazo y encaja cada línea musical en perfecta armonía en un ending circular que cierra todos los interrogantes y posibles cabos sueltos con una maestría muy difícil de encontrar en televisión. Desde "The Wire" no veía una exploración tan desoladora de la lucha contra la droga: aquí no hay romanticismos que valgan, no hay buenos, sólo malos. Absolutamente todos tienen una agenda oculta en una historia atenazadora en la que frontera que separa las fuerzas del orden y el crimen organizado es imperceptible. Es la línea sombría que transitan los tiburones, depredadores rápidos y letales que acechan en un mundo sin tregua para los héroes. Creo que ya tengo mi serie del año.

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