Libros
Enrique Vila-Matas
Eléctrico
Y no es que Enrique Vila-Matas sea calcado a Bob Dylan enchufando su guitarra ante una masa melenuda a la que se le quedaron los pelos de punta, a lo mejor sólo tiene un ligero aire, pero "Aire de Dylan" me pilló igual de completamente desprevenido. No es lo que esperaba después de "Dublinesca" (Seix Barral), una novela sobria, algo más clásica de lo habitual en él, que parecía llamada a constituir el primer episodio de una trilogía totalizadora y consagratoria por la que en Estocolmo se verían obligados a entregarle solemnemente el Premio Nobel de Literatura.
Aunque el efecto sorpresa que "Aire de Dylan" tuvo en mí no es una impresión demasiado generalizada, y quizás por ello insisto en la primera persona, la lectura de determinados pasajes me llevó a pensar que había algo premeditado en ella para contrariar a los fans, o cómo mínimo para cogerlos desprevenidos, como hizo Dylan en el concierto de Newport. Vila-Matas no lo niega del todo: "Aún no lo sé, tengo que pensarlo más. Ahora bien, de lo que sí estoy seguro es que he tratado de aparecer dónde no me esperaban".
Si tengo que verbalizar mi desconcierto inicial, explicarlo, me veo en aprietos. Pero lo cierto es que yo también necesité un tiempo para descubrir lo mucho que me gustaba "Aire de Dylan". Tardé un tiempo para asumir al Vila-Matas desmelenado, eléctrico. No sé qué me demoró. No sé si fue el tono, aparentemente más ligero, o las radicales rupturas de tono, algunos giros, incluso algunas expresiones inesperadas, la influencia del teatro tan presente en la novela (el teatro me pone nervioso) o el ritmo o la acción rocambolesca, casi de vodevil (vodevil, en fin, como puede serlo "Vete a saber", de Jacques Rivette), pero de entrada "Aire de entrada" me puso los pelos de punta. Me electrizó, como si hubiera metido los dedos en un enchufe.
Vila-Matas, elegante y paciente siempre, no hace comentarios a todo esto que le digo, aunque me aclara: "Bastantes personas me han hablado de Rivette y, como Rivette me encanta, les he dicho siempre que sí, que lo tuve presente mientras escribía ciertos episodios de "Aire de Dylan". Pero ya es hora de que le diga a alguien la verdad: no pensé una sola vez y ni un solo segundo en Rivette mientras escribía el libro".
En Rivette no, pero en Todd Haynes sí, ya que el extraordinario antibiopic "I'm Not There" (2007), que me tuvo varios días obsesionado mientras paseaba por las calles de París (aquí tardó en estrenarse), incluso aparece mencionado en las páginas de "Aire de Dylan". Recuerdo que cuando conocí en persona a Enrique Vila-Matas, sin saber nada de su pasión por Bob Dylan, tuve que hablarle del film de Haynes como modelo de película vila-matiense en el sentido de que, como ocurre en "Aire de Dylan", la personalidad del escritor se deconstruye en varios dobles posibles. Así que le pregunto si, a diferencia de Rivette, tuvo en cuenta la película de Haynes a la hora de confeccionar la novela cuyo título tiene un "Aire de Dylan".
"La tuve muy en cuenta. Y sí, recuerdo ese almuerzo en el que usted me habló de la película. Después, tardé mucho en verla. Pero cuando lo hice quedé maravillado. Hamlet y Bob Dylan Y Pessoa (con sus heterónimos) se parecen más de lo que creemos: son muchas personas en una, son ambiguos a morir, son varios estados de ánimo, etc...".
Hablando de la confección de la novela, recuerdo algo que Vila-Matas dijo durante la presentación de la misma en la Librería Bernat (uno de los escenarios de la novela), y descubro que su método no ha cambiado en esencia. En la Bernat comentó que escribió un primer borrador del que salieron diez versiones sucesivas y le pregunto si, entre esas diez versiones sucesivas, hubo otros "Aire de Dylan" posibles, si la novela, que ya se dispara en múltiples direcciones, pudo haber sido muy diferente, tal vez de una manera que no me cogiera tan desprevenido.
"Eliminé, por ejemplo, episodios callejeros de Vilnius trabajando para su Archivo General del Fracaso: en ellos le veíamos seleccionar peatones por la calle y les abría un expediente de fracaso. Y sí. Estoy convencido de que en ese primer borrador está siempre todo nuestro mundo volcado sobre nuestra historia; no es necesario ir a buscar afuera nada más, lo tenemos todo allí. Esa idea surgió de la anterior ocasión en que nos vimos, aquella en la que usted me preguntó cómo lo hacía para escribir sin resaca. Creo que haberle dicho, más o menos, que imagino que tengo esa resaca y entonces escribo como si tuviera dolor de cabeza y confusión, hago un borrador extenuante y alcohólico. Luego dejo que ese borrador, como si fuera una pintura, se seque. Y vuelvo luego al cabo de unas horas para ordenarlo todo y ver que tengo allí, al completo, el material deslavazado de la resaca, pero curiosamente no falta nada, salvo corregir, ordenar, dar sentido, quitárselo a continuación para darle un segundo sentido, más profundo e inesperado."
El método no ha cambiado, aunque en esta ocasión, insisto, me parece una explícita reacción contra la idea de un Vila-Matas continuista y acomodado en la cima –aburguesado, que dirían algunos-. Así que busco otro ángulo, y le digo que alguien en Go dijo escribió algo así como que "Diles que son cadáveres", de Jordi Soler (Mondadori), parecía un spin-off de "Dublinesca" escrito por un personaje que se hubiera escapado de sus páginas (uno de esos Caballeros de la Orden de Finnegans), y que yo también pienso que la magnífica novela de Soler está más cerca de "Dublinesca" de lo que pudiera estar "Aire de Dylan".
"Me parece un buenísimo libro "Diles que son cadáveres", de Jordi Soler. Demasiado bueno para que lo aplaudan en España. En cuanto a "Aire de Dylan" y "Dublinesca" se comete el error en nuestro país de no tener en cuenta que entre uno y otro libro se halla "Chet Baker piensa en su arte", que en Francia salió como libro independiente, a diferencia de España, que apareció medio camuflado en una antología de relatos (medio camuflado por temor a enfurecer a los anticulturalistas de este país, que es el menos culto de Europa). Recordará usted que en esta nouvelle se busca una fórmula para unir a Joyce con Simenon. Todo indica que la hallé y que el feliz resultado es "Aire de Dylan".
Vaya, parece que Vila-Matas me pilla en falta, aunque no porque no haya leído "Chet Baker piensa en su arte", una "ficción crítica" efectivamente camuflada a modo de "texto inédito" en la que el escritor aparece escuchando "Bela Lugosi is Dead", de Bauhaus (uno de mis grupos favoritos de la adolescencia, qué gracia), mientras reflexiona sobre el equilibrio entre los dos extremos, aparentemente irreconciliables de la literatura, la Vía Hire, por "El noviazgo de Monsieur Hire", que representaría la predominante importancia de la trama y la claridad del estilo, frente a la Vía Finnegans, por "Finnegans Wake", donde la literatura se asoma a abismos más profundos e introspectivos a riesgo de caer en lo ilegible. Obvié citar al trompetista de voz voluptuosa porque, aunque la nouvelle o "ficción crítica" tal y como se anunciaba en la contraportada me pareció bastante apasionante, también pienso que ese equilibrio Vila-Matas lo ha logrado siempre, desde sus inicios, tratándose incluso de uno de sus rasgos distintivos. "Aire de Dylan" no hace más que demostrarlo una vez más –en eso no ha cambiado Vila-Matas-, y la prueba es que algunos pasajes, en los que aparece Duchamp y todo el asunto de lo infraleve, remiten a aquel libro de culto publicado en 1985 por Anagrama que tituló "Historia abreviada de la literatura portátil".
"En los dos libros reina la levedad, la ligereza, como ejercicio opuesto a la gravedad, pesadez insufrible de lo libresco cuando no acepta que una simple corriente de aire casi frío –la primera, por ejemplo, que se cuela por debajo de nuestra puerta al final de verano y nos anuncia el otoño- puede ser también el tema de una novela".
Una levedad y una ligereza en cuanto al estilo y al hilo narrativo –a pesar de su erudición y de los millones de referentes que cita, Vila-Matas nunca es farragoso- que, en "Aire de Dylan" vuelve a ser solo aparente. Basta echar un vistazo al post que le dedicó en su blog Javier Avilés para hacerse a la idea de su compleja arquitectura subterránea, casi un párking-Biblioteca de tres plantas enterrado bajo la tinta e invisible para el lector medio, entre los que sin duda me cuento sin remedio.
Abro sin embargo un paréntesis para comentarle que me hizo mucha gracia la mención del "Hambre", de Knut Hamsun, durante la aventura americana de Vilnius, que viaja a Hollywood persiguiendo una presunta frase de Scott Fitzgerald que alguien pronuncia en un film en el que participó como guionista. Me hace gracia, porque "Pregúntale al polvo", la obra maestra de John Fante, es algo así como un remake de "Hambre", y Fante padre fue uno de esos escritores castigados por Hollywood en la tradición de Fitzgerald y Barton Fink. Así que le pregunto por Avilés, Fante y los Coen.
"Sí, Pregúntale al polvo es una novela genial. Y en cuanto al post de Avilés me atrevo a decir que es una obra maestra. Comunico enormemente con el humor de los Coen, y en la novela hay momentos en los que se halla presente tanto lo grotesco (la maldad exagerada de Laura Verás, "irás y no volverás") como el lado kafkiano del éxito, el éxito como infierno ("Barton Fink")".
El éxito como infierno, y el fracaso como triunfo. Fracasa otra vez, fracasa mejor. "Aire de Dylan" se abre en el contexto de un congreso sobre el Fracaso, donde el narrador, un escritor sin nombre, conoce a Vilnius, aquel joven indolente con un ligero aire a Bob Dylan, que acaba de perder a su padre, un reconocido escritor inconformista que se resiste a abandonarle. A pesar de sus vagos proyectos -rodar algún corto (Vila-Matas rodó "Fin de verano" antes de decantarse por la escritura) o aquel Archivo General del Fracaso abocado a lo mismo- Vilnius padece sobre todo el Síndrome de Oblómov (según el clásico de Iván Goncharov), vive para no hacer nada. Y no es que el Fracaso le persiga, es que él mismo va tras él, a menudo sin éxito. La actitud de Vilnius, y lo mucho que cuesta ponerse a escribir tras una dura jornada laboral me lleva a pensar que a lo mejor hay que estar ocioso para no fracasar escribiendo. A lo que Vila-Matas me responde: "Necesito tanto tiempo para no hacer nada que ya no me queda tiempo ni para pensar en la ociosidad".
En este orden de cosas y al hilo de lo que decía al principio de este artículo, le pregunto a Vila-Matas si, teniendo en cuenta que "Aire de Dylan" es o podría ser una novela contra los fans (Vila-Matas todavía tiene que pensarlo, recordemoslo)... ¿No constituye acaso un fracaso total, teniendo en cuenta el éxito obtenido, tanto de crítica como de público? Y no puedo evitar añadir una nota patética a mi pregunta: En su exploración literaria del Fracaso ¿No se le encoge un poco el corazón al pensar en los auténticos fracasados, aquellos que nunca han escrito una sola línea que les deje mínimamente satisfechos?
"No soy Teresa de Calcuta. Con esto quiero decirle que no puedo ocuparme de todas las almas en pena que va dejando por ahí el Fracaso. En realidad, ni siquiera puedo ocuparme de mí mismo que, como bien dice usted, he fracasado al tener tanto éxito con este libro".
PD: Como esto es una revista de música, y sabemos muy bien que Vila-Matas no escribe en silencio, le pregunto también por el contenido de su iPod, el mismo en el que no hace tanto sonaba "Bela Lugosi's Dead".
"M. Ward. Estoy fascinado con su música: "Stars of Leo". "Poison Cup". "Chinese Traslation". "Primitive Girl". "I Get Ideas", etc. También escucho muy frecuentemente en los últimos días a She & Him, My Morning Jacket, Wilco, Camera Obscura, Django Django, Christina Rosenvinge".
Comentarios
20.05.2012 // 17:48:03
Conmigo lo ha conseguido: digo, fracasar. Ahí tengo el libro.
21.05.2012 // 23:33:34
Una novela contra los fans...creo que hemos sentido lo mismo que sintieron los que acudieron a escuchar a su Dylan ¿cómo nos hace esto? Tarda uno, es verdad. Lo intenta, lo deja...te buscamo en ese libro, y no te encontramos. Somos como Telémaco huérfano de un Ulises que no quiere regresar a donde se le espera. La realidad de esta novela es el lector sin su autor...el lector abandonado. La añoranza de la palabra recordada, de la voz escuchada. Y suena como una risa de fondo que no entendemos.
22.05.2012 // 09:08:33
Es como un padre al que no encuentras. Un padre que, como en la novela descubres que era distinto del que conociste y se desdobla el autor y el hombre debajo del escritor. El padre fue joven e indocumentado también y al final muy reconocible en ti mismo - el hijo/ lector que no escribe, situado en el mundo infraleve del presente-. Y desde aquí la tarea es del hijo, reconstruir una relación con el fantasma del padre entrevisto y que quiere integrarse espiritualmente en él.
23.06.2012 // 17:19:52
Pues ahí te quedas.
V-M

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