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Teddy Wayne

Teddy Wayne

American Most Wanted

Philipp Engel / Ilustración Tamara (Anacronic)
"Vasallo = persona que le debe obediencia a un señor en un sistema feudal". Teddy Wayne ("Kapitoil").

 

Las listas de lo mejor del año no suelen ser justas con los libros que salen a finales. Pongamos por caso "Kapitoil" (Blackie Books). Recibí la nota de prensa por mail el 1 de diciembre, el ejemplar unos días después y tardé lo mío, lo usual en mí, en reaccionar, saliendo de mi torpeza gracias a las recomendaciones de escritores como Jonathan Franzen o Miqui Otero. Pero lo leí de una sentada (en el sofá), y me alegró uno de esos domingos en los que no me apetecía hacer absolutamente nada. Para entonces, como la mayoría, ya tenía resuelta, y enviada, mi lista de lo mejor del año. De otra forma éste podría haber sido nuestro "Fuck America" del 2011. Auque "Kapitoil" transcurre cuando están a punto de sonar las campanadas del siglo XXI (Karim, el protagonista, es un informático que trabaja en el Efecto 2000), también versa sobre un extranjero (Karim es de Qatar, eso que sale en las camisetas del Barça) que llega a Nueva York en busca del sueño americano, aquí con las llaves en el bolsillo —Karim trabaja para una multinacional, un banco (Schrub Equities, cuyo logo es un halcón negro)—; y es definitivamente tan divertida como la novela de Edgar Hilsenrath que estuvo en lo alto de nuestras listas hará un par de años. Conclusión, aunque "Kapitoil" no aparezca en la lista, es una de nuestras novelas del año.


Se dice además que en USA es un fenómeno, que Wayne ha enterrado definitivamente la literatura del 11-S por abordar el tema de forma graciosamente oblicua. Karim trabaja en la planta 88 del World Trade Center, pero septiembre de 2001 aún queda lejos. Como previa del desastre, cae al punto: en el mismo paquete que esa magnífica Agenda del Fin del Mundo que me apresto a desprecintar con ansiedad en unos días para ir apuntando mis últimas voluntades (¡Mucho más práctica que el calendario maya!). "Kapitoil" tampoco desentonaría en un escaparate de literatura indignada, el título corresponde a un programa diseñado para rentabilizar las oscilaciones del precio del petróleo a partir de una previsión basada en las ondas mediáticas de los atentados en Oriente Medio. Y la novela desemboca además en un dilema moral en forma de contrato faustiano sobre el que cabe meditar, aunque todo esto no deja de ser colateral. Lo que importa es la columna vertebral de "Kapitoil", su alma y su carne, que no es otra que el propio texto, aquel que distingue la literatura de lo demás.

 

En la instructiva faja desplegable que viene con el libro el propio Teddy Wayne nos da algunas pistas: 1. Tiene sólo 31 años, pero ya quemó su previsible primera novela autobiográfica. 2. Escribe para diversas publicaciones, sometiéndose a sus márgenes y criterios, siendo McSweeney's en la que se siente más libre. Y 3. Trabajó remendando las solicitudes de nerds de los cuatro rincones del mundo que aspiraban a una plaza en una escuela de negocios norteamericana: así creó a Karim. Estructurada como el diario de Karim en Nueva York y novelada en presente, "Kapitoil" registra la voz de un cerebro matemático que va incorporando a su inglés técnico el léxico de sus experiencias en Occidente, una hilarante dinámica, auténtico motor de la novela, que se conserva admirablemente en la traducción de Marta Alcaraz. Agilísima, adictiva y a la postre, concienciadora, el estupendo debut de Teddy Wayne se devora como una entrañable novela de formación con ecos inquietantes que puede recordarnos a la "La red social", de David Fincher, con la que comparte un tema que a priori no embala, y el tren-bala que te arrolla a posteriori. Es una lástima que Jesse Eisenberg o Michael Cera no den demasiado el tipo típico del quatarí, cualquiera de los dos hubiera sido un estupendo Karim Issar. 

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