Libros
Enrique Vila-Matas
El gran salto
"Intertextualidad; conexiones con la alta poesía; conciencia de un paisaje moral en ruinas; ligera superioridad del estilo sobre la trama; la escritura vista como un reloj que avanza": ¿Es la teoría literaria esbozada por Riba una perfecta síntesis de la escritura vila-matiense?
No, es tan sólo la síntesis idónea de la teoría que está detrás de "Dublinesca". Y es que cada libro nuevo que hago inventa una nueva teoría. Esta la he desarrollado en un librito que ya ha aparecido en Francia ("Perdre des theories") y que Seix Barral publicará en septiembre.
Riba es un hikikimori muy literario ¿Hasta qué punto su Dublín está fuera de la pantalla?
Eduardo Lago, miembro también de la Orden del Finnegans (véase el volumen colectivo que acaba de sacar Alfabia con este título), opina que el Dublín de "Dublinesca" tiene más de Nueva York que de Dublín, un Nueva York irlandés, eso sí. Hay otras paradojas, dice, y la más importante, tal vez, sea la de que el espacio en el que se encapsula la ciudad creada es doble: virtual a la vez que real. También yo lo veo así. Los hikikomoris son un punto de referencia importante en "Dublinesca". Gracias a ellos, se comprende, con una mezcla de terror y fascinación, que, más que morir, mi literatura se ha trasladado a unas coordenadas que desdibujan la noción de espacio-tiempo en que estábamos acostumbrados a movernos.
Las referencias a Cronenberg y Lynch en "Dublinesca" hacen pensar en la existencia de un inquietante subsuelo de su escritura que no estaría visible a primera vista.
Para Maurice Nadeau, que es el único superviviente de entre los fundadores del Surrealismo francés de los años veinte, mis libros analizan la capa que está debajo de la realidad aparente. Por decirlo de la forma tan directa en la que él lo dijo: soy surrealista. Al modo peculiar en el que lo era Gracq. Es decir, sin ser únicamente surrealista. Porque Gracq era muchas más cosas. Yo me dedico a mezclar esa tendencia surrealista con otras técnicas o interpretaciones de la realidad circundante. El cine de Lynch es lógico que me atraiga, aunque sólo sea porque propone nuevas maneras de contar historias. Creo que a estas alturas del partido ya está bien claro que sólo me aburre lo familiar, lo que ya conozco o me sé de memoria, lo que carece de sentido lúdico o de imaginación.
A pesar de estar muy presente en toda su obra, el cine no le ha devuelto el favor.
A veces me imagino a Rohmer o a Kubrick (bien distintos) adaptando "Una casa para siempre", o bien "Dublinesca", o "Doctor Pasavento" (ésta última la soñé un día, soñé la versión cinematográfica de cinco horas y era espectacular; otro día soñé la versión minimalista y aún era, a pesar de su reducido tamaño, más espectacular todavía). Todavía tengo la esperanza de que aparezca un genio que se dé cuenta de las inmensas posibilidades que tendrían algunos libros míos si alguien quisiera hacer una película muy imaginativa y rompedora.
"Dublinesca" es una novela abstemia ¿Cómo escribe sin resaca?
Imagino que tengo resaca y escribo como si tuviera dolor de cabeza y confusión, hago un borrador extenuante y alcohólico. Luego dejo que ese borrador, como si fuera una pintura, se seque. Y vuelvo al cabo de unas horas para ordenarlo todo. Tengo allí, al completo, el material deslavazado de la resaca, pero curiosamente no falta nada, salvo corregir, ordenar, dar sentido, quitárselo a continuación para darle un segundo sentido, más profundo e inesperado.
Riba fustiga a los jóvenes editores. ¿Cómo ve usted el momento editorial actual?
Me parece una clara muestra de que la línea literaria en nuestro país prosigue más fuerte que nunca y no hay que temer pues, el hundimiento de Gutenberg (pobre Riba, qué preocupaciones tiene más absurdas). Detrás de los jóvenes editores maltratados en "Dublinesca" hay en realidad escritores españoles, más o menos jóvenes, engreídos que suplen su falta de lectores (comprensible por los bodrios que producen) con una supuesta superioridad de sus objetivos intelectuales que en realidad no esconde más que su absoluta falta de talento para la creación.
Sin embargo, cada vez son más los jóvenes escritores que le tienen como el Gran Maestro de la Narrativa ¿Qué le supone esta responsabilidad?
Influir a escritores jóvenes es una señal inequívoca de que, a diferencia de tantos muermos mesetarios, desprende vitalidad lo que he escrito y escribo. Pero el terreno de las influencias es resbaladizo. Nada más lamentable que ver a jóvenes influidos por lo peor de mí en lugar de lo contrario. Entiendo que la única influencia interesante que puedo transmitir es la libertad narrativa, lograr que el principiante comprenda que no hay reglas fijas y que se pueden transgredir todas las normas hasta lograr algo muy personal y nuevo. A fin de cuentas, algo está claro: esa aventura de inventarse un estilo propio es al menos infinitamente más divertida que la de imitar a la parroquia de los escritores castellano-severos convencionales... un estamento literario particularmente rancio y que sólo se da en este país de subalternos.
Foto: Mario Krmpotic

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