Electrónica

Mouse On Mars

"Parastrophics"

Monkeytown
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Vidal Romero

Durante una entrevista con Mouse On Mars, hace casi diez años ya, Jan St. Werner me confesó que muchos de los sonidos que aparecían en sus discos los realizaban directamente cantando, tarareando o lanzando algún exabrupto al micrófono. "Es más sencillo y sobre todo más rápido hacerlo así", me decía, mientras chasqueaba los dedos, "sacarte la idea de la cabeza sobre la marcha, antes que ponerte a imaginar cómo hacerlo con un sintetizador o un sampler". La anécdota revela a la perfección el carácter desprejuiciado y juguetón de Mouse On Mars, un dúo que lleva cerca de veinte años saltándose cualquier concepción imaginable dentro de la música electrónica; un dúo que es sinónimo de fractura y hedonismo, que posee la rara habilidad de saber encontrar el lado humorístico dentro de la experimentación más radical.

 

"Parastrophics", su décimo disco, llega tras un parón de cinco años (un parón relativo, porque entre medias han cultivado sus carreras en solitario y grabado el disco de Von Südenfed, ese experimento de cortísimo recorrido realizado a medias con Mark E. Smith), pero ese gusto por el arreglo naíf y la sorpresa climática sigue invariable. De hecho, venden en su nuevo sello que "Parastrophics" es algo así como el resumen de "las experiencias de toda una vida", una especie de sumatorio que conjura muchas de las virtudes de esta pareja de electroduendes. Y algo de cierto hay en esa afirmación: la apertura, "The beach stop", es una pieza de pop deconstruido con voz femenina, que recuerda poderosamente a ciertos momentos de "Iahora Tahiti" (95). "Metrotopy", con sus ritmos de aire lejanamente electro y su abundancia de efectos especiales podría haber salido de "Autoditacker" (97). "Wienuss" juega con las estructuras de manera caprichosa, como muchos de los cortes de "Niun niggung" (99), y algo hay en "Imatch" que hace pensar en "Idiology" (01).

 

Claro que todos estos ecos no son más que la confirmación de que Mouse On Mars siguen fieles a un estilo propio y perfectamente reconocible, que bascula entre el ambient de texturas crujientes ("Syncropticians"), los ritmos que avanzan a trompicones ("Gearknot cherry"), las pinceladas de humor grueso ("Chordblocker, cinnamon toasted", que parece una canción de Disney tocada por una banda de borrachos), el hip hop desquiciado ("Baku hipster") o marcianadas como ese collage absurdista que es "Cricket". Eso sí, en lo que parece un guiño a los jefes de su nuevo sello (Modeselektor, es decir), los tipos ofrecen su propia versión de lo que debería ser una rave en pistas como "They know your name", que maltrata una base que alguna vez fue disco, o techno, o vaya usted a saber, o sobre todo en esa locura que es "Seaqz", que se crece entre ritmos alborotados, filtros pasados de rosca y melodías que son casi happy hardcore. Tema que cierra un disco que no es de los mejores que han grabado Mouse On Mars, pero que aún así está muy por encima de la mayoría de las cosas que se publicarán en estos primeros meses del año.  


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