Hip hop
Nas
"Life is good"
El reloj biológico y las deudas marcan la hora de sentarse delante del cuaderno y reflexionar, de estudiar minuciosamente el camino que te ha llevado hasta aquí, de llorar si es preciso. Nas ha vuelto. De hecho, ha vuelto varias veces. Pero en esta ocasión va en serio. Ahora sí que sí. Aunque para ello haya tenido que hurgar en el lamento y echar mano de la nostalgia y el victimismo. Del Nasty Nas de "Illmatic" (94) al Nasir Jones de "Life is good" dista todo un universo. No en el apartado técnico; el de Queensbridge sigue teniendo uno de los flows más embriagadores del rap, sigue bordando una lírica compleja, inteligente, cargada con más aforismos que un libro de Oscar Wilde, un story teller desde la punta de las sneakers hasta la visera de la gorra. No se trata de skills. Se trata de la vida. Al Nas hambriento del 94 le tenían que pasar muchas cosas hasta llegar a la acera de los 40. Y el camino no ha sido precisamente un mar en calma.
Divorciarse de Kelis le ha costado una denuncia por la manutención del retoño que tuvieron juntos (el vestido de novia de la portada pertenece a la cantante de R&B); Hacienda le persigue y le reclama 6 millones de dólares en impuestos atrasados; su hija adolescente es una pendona de cuidado y se dedica a salir con tipos de dudosa reputación, lo que le ha convertido en un papi cascarrabias... En fin, la vida adulta le ha golpeado y la única forma de estar en paz con todos –con el fisco, la ex esposa, la hija calentorra y él mismo– era exorcizar demonios a través de un disco que nos devolviera parte de la fe que muchos perdimos en el rimador de "Illmatic". No ha sido fácil reconciliarse, aunque sea un poco, con el poeta. Su trayectoria durante la primera década del siglo XXI ha sido una oda a la inconstancia: la elección de los beatmakers, siempre desacertada, ha hecho que las canciones de calidad de sus discos post "It was written" (96) se hayan visto engullidas por el abrumador tonelaje de la mediocridad. El problema parecía crónico, especialmente después de ver cómo el esperado álbum mano a mano con DJ Premier –en "Life is good" no hay un solo corte de Preemo, por cierto– se perdía en un limbo que se antoja eterno.
Pero el décimo LP del rapper que antaño se proclamó "medio hombre, medio maravilla" es otra historia. Es Nas reconciliándose con el rap, apelando a un sonido en el que predominan los beats de calidad y se respira un hip hop más creíble, más street, sin el lastre de las ansias por coronar las listas. Lo bueno es que el componente nostálgico de esta película no afecta en absoluto a sus componentes. Lejos de apostar por una cuadratura retro y cerrada, Nas reivindica el pasado y rememora mejores épocas con música rap contemporánea, adulta, equilibrada.
Los mejores cortes pertenecen al productor de Chicago No I.D., un veterano que ha sabido conjugar el poso street con el exigido componente emocional del disco. Ahí quedan tracks memorables como "Loco-motive", rap gordo con teclados siniestros cosecha del 94, pero adecuadamente actualizado y con la participación de Large Professor, uno de los popes del fat beat que avalaron al joven Nasir en sus comienzos. Temas redondos como "Accident muderers", con pianos epidérmicos, coros épicos, arreglos orquestales que saben a grandeur callejera y Rick Ross provocando ictus entre el personal con su dicción de bulldog. Piezas de orfebrería urban inyectadas en nostalgia y reproches, como las maravillosas "Back when" y "Daughter", con un No I.D. en estado de éxtasis sirviendo bases relajadas y juegos vocales que tienen el calor de una tarde de verano en los portales del gueto.
La inclusión en la mesa de mezclas de J.U.S.T.I.C.E. League, para dar vida al opener "No introduction" –más que una base de rap, una banda sonora–, y el sorprendente rescate de Buckwild, uno de los puntales del colectivo D.I.T.C., en la fabricación de la magistral pieza de soul sintético "You wouldn't understand", son tranquilizadores . Incluso "Summer on smash", el club banger forjado en las cuadras de Swizz Beats suena grande y pone las nucas de las reses a prueba, como si fueran de goma. Es en la extensa aportación del productor Salaam Remi donde hay más altibajos. Capaz de servir medianías como "Cherry wine", con Amy Winehouse en los coros, y joyas de valor incalculable como la cinematográfica "Queens story", Remi regala su hit más rotundo en compañía de Heavy D & Da Internz: el ya conocido, celebradísimo y rocoso single "The Don".
Por fin, Nas brilla de nuevo: la zarza vuelve a arder y el profeta vuelve a bajar del Sinaí entre vítores a pesar de las deudas, de los problemas familiares, de una década perdida y de toda la mierda que le ha convertido en un rapper nostálgico apegado al 'remember when'. Pero me gusta verle así, porque parece que le hemos recuperado, porque ha grabado su mejor álbum desde "It was written": el último con Def Jam, el primero del resto de su vida.
