Indie
Xiu Xiu
"Always"
Indie experimental. Hola. Aviso, un día Jamie Stewart se fumó un mechón de pelo mío y desde entonces estoy ligada a él para siempre. Son cosas que hace Jamie. De repente le da por pedirle a sus seguidores algo de pelo para inhalar su humo. Otras veces lanza proyectos con fotógrafos que rozan la performance absurda, o vende camisetas con los nombres de sus artistas favoritos (que incluyen a Boy George, Gilbert and George, Kara Walker y Freddy Mercury, por ejemplo). No venía yo aquí, de todas formas, a declarar mi amor incondicional a Jamie Stewart, sino a explicar hasta qué punto "Always" es un gran disco, el enésimo que firma como Xiu Xiu desde que en 2002 empezó a construir su carrera musical sobre las sucias ruinas del pop moderno, las secuelas del abuso sexual infantil y la violencia que nos rodea a nivel general mundial.
"Always" es una gran noticia, otro pequeño monstruo que habrá que adorar eternamente aunque sólo se le entienda a medias y a veces muerda. Tiene todo lo que hace de Xiu Xiu un ovni musical problemático, pero necesario. Hay, ante todo, muchos himnos post-techno-pop con una instrumentación que sólo ellos saben de dónde sale, pero que va directa hacia tus nervios, músculos y neuronas. Canciones que suenan a Morrissey vomitando alegremente toda la modernidad de la tierra sobre sus propios zapatos y que Xiu Xiu interpretan con una destreza impresionante, como si fuera lo más normal del mundo. Hay cantidad de hits instantáneos aquí: "Hi" (canción que recuerda que bailar es a veces la única manera de mantenerse en pie), "Joey's song" (con unas voces lejanas de monaguillo que no anuncian nada bueno), "Beauty Towne" (que es como si Einstürzende Neubauten fueran adolescentes americanos y estuvieran asqueados con sus propias vidas -y las ajenas-), "Honey suckley" (para intentar convencerse de que hay que levantarse de la cama cuando se sabe que las pesadillas empiezan precisamente entonces), o "Chimney's fire (Mickensian suicide)", o "Gul mudin", o "Born to suffer", o "Smear the queen", compartiendo malestar eufórico con Carla Bozulich.
Había avisado, hay muchos, muchos hits. Hay también cosas que no habrá quien baile, ni quien tararee, donde Stewart da rienda suelta a su tendencia al histrionismo ("I luv abortion"). Hay, además, melancolía en estado puro, ya sea evocando una tranquilidad resignada, que dicen que es uno de los síntomas más alarmantes de la persistencia de pensamientos suicidas ("The oldness"), ya sea arrodillándose a los pies de un personaje femenino completamente machacado de esos que, como "Suha" o "Sad pony guerrilla girl", han marcado algunos de los momentos más estremecedores de su obra (aquí, "Factory girl"). Y hay, sobre todo, al final, una canción que va sobre el incesto, la muerte, el no saber si hay que pedir perdón por no conseguir perdonar algo y el sentirse dolorosamente culpable por no lograr olvidar lo imperdonable ("Black drum machine"), recordando que los temas de fondo son estos, siempre. Gran disco.
