Psicodelia
The Time and Space Machine
“Taste the lazer”
Me llevé a casa el disco de The Time And Space Machine con cierto recelo. No el tipo de aprensión que le tienes a algo que disguste o sea aterrador, sino algo mucho más rebuscado, como el escrúpulo que te da entregarte a algún tipo de éxtasis, sumirte en un mareo placentero que cierto día probaste y te desubicó. Hace algún tiempo escuché la primera incursión de Richard Norris en su alambicado mundo de crescendos, hedonismo melódico y capas de sonido superpuestas, y los resultados fueron desconcertantes. Sé que cerré los ojos y me ablandé en la silla, justo después de poner el primer disco de The Time And Space Machine, "Set phazer to stun" (Tirk, 10). Vislumbré un enorme sítar iridiscente sobre el cielo, las barreras del tiempo se difuminaron, y un hilo de baba me despertó con una sensación de pérdida irremediable. Me habían llevado a otro planeta y escupido de vuelta. La sacudida mental embriagadora de aquella escucha me tiene todavía confuso, así que, si voy a someterme a las nuevas emisiones musicales de ese loco inglés obsesionado por la psicodelia sesentera y su rastro en las décadas posteriores, necesito testigos. Así que alerta, ¿eh? No me pierdas de vista en estas próximas líneas, puedo despeñarme por un sinfín de párrafos incomprensibles, abducido por la deriva rítmica.
Voy a ponerlo. Brrrr... phhsssffh... Sí, todo es suave al principio. "Hiding in the light" despega como una intro creciente, entre teclados orgánicos que devienen un correteo de cuerdas y metales parsimoniosos. "Black rainbow" aplica una diferencia de potencial en su jugueteo constante, con un gancho melódico cíclico apremiando desde el primer segundo y fraseos que se pierden en el espacio, dilatando la estructura de la canción. Uf, ahora sí, el viaje se ha enrarecido: "Pill party in India" es una odisea descabellada con un ritmo fracturado, describiendo frecuencias asintóticas entre fogonazos de club. Es todo un trance hedonista, algo tan infectado de los años 90 inyectados en los 60, con algo de ácido y fiebre de los 70... Todo flota, todo reverbera, hay muchos colores. El maldito Norris, ese cómplice de Erol Alkan, remixador de Goldfrapp y The Chemical Brothers, se ha convertido en un verdadero devorador de mundos. Antes ponía la pistola en modo aturdidor, pero ahora se dispone a hacernos probar el láser, de lleno. Ugh, todo tiembla, pierdo pie: unas voces repiten "Explosions in the sky" con un aire de vocoder angelical, y la figura de Richard Norris se recorta entre edificios como un enorme Galactus del space rock. Extiende su brazo de bucles infinitos, sus dedos eléctricos ya casi me alcanzan... ¿Euh? Pero bueno, ¿no te dije que vigilaras?
