Una sardina sola

Una Semana, Una Canción 001 - 'Public Image'

16.05.2013 // Banessa Pellisa

 

Déficit de atención. Falta de estímulo. Temor a la frustración. Todos los males contemporáneos juegan en contra de la idea del álbum discográfico. Nadie dedica cuarenta minutos seguidos a hacer algo, menos aún escuchar música. Nadie compra discos. El éxito depende, como antaño, de la belleza de un sólo estribillo, itunes vende canciones no discos. Lo pintan tan mal que no parece haber solución posible. No s'hi pot fer res.

¡Qué triste es todo! ¿verdad? Bah... Son celos, deseos apocalípticos con agendas ocultas.

Cada uno debe poner de su parte y poca cosa podemos hacer los críticos para evitar la segura muerte de los álbumes, excepto estimular el interés por un artista, un sonido o una voz adictiva. Por probar que no quedé.

Así pues, con todo el esplendor, lustre y júbilo de las grandes ocasiones, damos por inaugurada una nueva sección en el blog, "Una semana, una canción": cada semana, la historia de un sólo tema. Cada canción es la punta de un hilo del que tirar. Lo acompañará la basura pseudo-autobiográfica de siempre. Simple, ¿no? Pues, adelante.

 


Esta semana: Public Image Ltd. 'Public Image'

La semana próxima: Another Sunny Day (Sarah Records)

 

 

*********

 

No viene a cuento pero es muy grave. En las últimas dos semanas he sufrido una sobre-exposición involuntaria a la obra de Lionel Richie. En concreto, a la canción 'Hello', visionado del clip mediante. Es muy fuerte. Casi veinte veces en quince días. A ver, la intro es bonita, me gusta la tensión y la espera que provoca pero, jolín... Cierro los ojos y sólo veo el pasillo de la escuela de arte, "Eisenhower was your president" y los ricitos del busto de arcilla. Se me está haciendo un poco cuesta arriba, la verdad. Lamentablemente, no puedo hablar sobre las circunstancias que me han llevado a ser víctima de tamaño oprobio, pero sus consecuencias son evidentes y las confieso ahora para tranquilizar a mi familia y amigos: esos mareos, sudores nocturnos y tarareos reflejos no los provoca el escorbuto. Es todo culpa de Lionel.

 

Otra canción que repite la palabra "Hello" sin parar es 'Public Image', aunque sólo lo hace al principio, para recriminarnos algo o para llamarnos la atención, no sabría decir porqué. Public Image Ltd nacieron porque el plan de Richard Branson de Virgin de colocar a John Lydon al frente de Devo no salió bien y tuvo que montarse su propio grupo. The Sex Pistols acababan de desintegrarse, Lydon era un hombre de altas miras, un hombre de más vista que ojo, por decirlo de algún modo.

 

"Public Image" fue su primer single y un éxito radical que les catapultó a la primera línea del post-punk, reverenciados por las secciones de arte moderno de todos los museos y revistas de la época. Directo al número 9 de los charts británicos en 1978. Sin embargo, pese a estar anclada firmemente en la explosión post-punk, si escuchan la canción hoy, su intención y fondo les parecerán tan contemporáneos y perfectos como si la hubieran publicado antes de ayer. Son una gran influencia, antes y ahora, pero si pienso en grupos nuevos muchos nombres vienen a la cabeza. Para mi, la conexión directa y autopistíca es para con Art Brut; es posible que el agujero de témpera y pinceles del que nacieron se parezca mucho a esto

 

Lo que cuenta tiene su gracia. Es una letra de persona leída. Dicen que el libro "The Public Image" de Muriel Spark inspiró el nombre de la banda y, puede que también el tono de sorpresa atónita inglesa del que esta letra hace gala. Entre el dramatismo exagerado y ridículo de una diva y la ironía más fina. Es un gran nombre para una canción y también lo es para un grupo. Pese a todo, si tuviera que contar a alguien de menos de 18 años, que es 'la imagen pública' tendría problemas porque ya nadie habla así. Hoy en día, hablamos de proyección social, de perfil social, pero ¿de imagen pública? Ça c'est passé.

 

 

Una Semana, Una Canción 001 - 'Public Image'

Muriel Spark, más lista que el hambre. 

 

 

Ensuciado por una capa de vacío que aparta el sonido de la primera línea, 'Public Image' es uno de esos temas que se recuerda mejor que se escucha. La producción nos despista, porque nos impide pensar en la canción como una entidad propia. Es un síntoma curioso pero común en los discos de esta época, en los que se buscaba crear una idea de suciedad sónica que librara la música de constricciones y brillos artificiales. En consecuencia, la canción tiene dos vidas: si pienso en la canción, la recuerdo tal cual es (letra, melodía, detalle aquí, detalle allá) y, en cambio, cuando la escucho, solo puedo pensar en el vacío de sonido, la barrera de sordina que la rodea.

 

Recordada o escuchada es enaltecedora y estupenda. Hay mucho de notable en esta canción, desde la interpretación, fantásticamente sarcástica, hasta el guitarrismo que remite a la finura de lo inglés de casi diez años después, circa 1986, a base de punteos como el batir de las alas de un gorrión. A nadie debería extrañar que Mike Joyce de The Smiths se uniera a la banda años más tarde. Pobre Lydon, la voz es mejor de lo que quizás quisiera, forzando el dobladillo de las vocales sin éxito para parecer más radical, artsy y moderno. Una voz portentosa y preciosa que intenta no parecer tan elegante como en realidad es.

 

 

 ¿Cuántas veces puedes escuchar esta canción on repeat? Mejor tararear 'public imaaaaage' o 'my grand finale' que 'is it me you're looking for?'. Vamos. Dale al play otra vez. 

 

 

 

 



Joni Mitchell, Both Sides Now

10.05.2013 // Banessa Pellisa

Un texto sobre la canción "Both Sides Now" de Joni Mitchell 

 

- De la sección Songwriters del mes de Mayo de 2013 -

 

 

 

A las canciones se llega por caminos extraños, algunos inéditos, otros más transitados. Yo llegué a "Both Sides Now" a través de Saul Bellow, que es la manera más ridículamente arrogante de llegar a algo y lo hice, además, después de dar un triple salto mortal, fruto de la casualidad más pura. En una fiesta veraniega en el pintoresco pueblo de Hegenes, alguien me dijo que estaba inspirada en un pasaje de Henderson the Rain King, un libro que yo acababa de leer hacía apenas unos días y me había causado una gran impresión. Mi interlocutor no tenía el más mínimo interés en la literatura de Bellow y, aunque hizo ver que le encantaba, sospecho que no había leído el libro. Las fiestas son así, lo que has aprendido más recientemente, lo último que has leído o lo último que has oído, se exhibe como parte de tu plumaje nocturno y los esfuerzos intelectuales más recientes se intentan amortizar al máximo. En mi caso era Bellow, en el suyo Joni Mitchell.

 

En honor a la verdad, ya conocía la canción antes de la fiesta, aunque no cantada por su autora. Como ocurre con las grandes canciones, "Both Sides Now" estaba por todas partes: en un vinilo de Claudine Longet (Colours), en francés por Marie Laforêt, en el tercer disco de Harpers Bizarre (disco que malvendí años después), Judy Collins, Catherine McKinnon... me perseguía por todas partes y nunca entraba, nunca tocaba las teclas adecuadas.

 

Hasta ese día, claro está

 

Regresé a casa y se la pedí a mi compañero de piso, que la tenía a mano y la puso para que la escuchara. Tarde y mal como voy siempre, "Both Sides Now" se convirtió en mi canción favorita. Es la canción favorita de mucha gente.

 

 

Joni Mitchell, Both Sides Now 

 

 

Su ventaja es que nunca, ni bajo gran presión, baratea. Por manoseada que esté, nunca se deforma, nunca se abate, nunca se estira. Siempre perfecta y lista para llevarnos a donde ella quiera. Esta letra violada sigue funcionando porque de algún modo, consigue siempre avalanzarse sobre ti, como lo haría un carterista a altas horas de la madrugada en una calle vacía.

 

Existen dos versiones del tema y no es casual. Una es angustiosa y triste - en toda su desnudez, menos enigmática. La otra, aunque tocada por la melancolía, es triunfante y esplendorosamente bella. La versión del "Clouds" fue cantada en un momento de ambición artística y dolor personal y parece más alegre. Su re-enactement, por contra, fue grabado en un momento simplemente dulce, cerca de su hija y adorada y respetada por todos, aunque termina pareciendo mucho más triste que la original. La letra está dividida por suspiros que son todo menos resignados, una emoción intensa, pero retraída y depurada. Es bonito que esta canción hable del dolor sin mencionarlo, de la tristeza resignada de quien ha fracasado, y sin embargo, lo ha hecho sabiendo que ha perdido algo que tuvo, que el recuerdo es, al menos, permanente. Está escrita desde las nubes mismas, la perspectiva y la imaginería vacila entre imágenes icónicas, cargadas aquí de una fuerza renovada, y de otro catálogo de símbolos totalmente personales. Es auténtica en todo su esplendor. Qué queda al final, si no la vida, y haber pasado por ella, por dura o dolorosa que haya sido. Duela o no, mejor vivida que por vivir.

 

 

¨

 

Un enlace a la versión en directo del año 2000

 

 

 

 

 

y la versión de 1970

 

 

 

 

 

 

 

Both Sides Now

Rows and floes of angel hair

And ice cream castles in the air

And feather canyons everywhere

I've looked at clouds that way

But now they only block the sun

They rain and snow on everyone

So many things I would have done

But clouds got in my way

I've looked at clouds from both sides now

From up and down, and still somehow

It's cloud illusions I recall

I really don't know clouds at all

Moons and Junes and Ferris wheels

The dizzy dancing way you feel

As every fairy tale comes real

I've looked at love that way

But now it's just another show

You leave 'em laughing when you go

And if you care, don't let them know

Don't give yourself away

I've looked at love from both sides now

From give and take, and still somehow

It's love's illusions I recall

I really don't know love at all

Tears and fears and feeling proud

To say "I love you" right out loud

Dreams and schemes and circus crowds

I've looked at life that way

But now old friends are acting strange

They shake their heads, they say I've changed

Well something's lost, but something's gained

In living every day

I've looked at life from both sides now

From win and lose and still somehow

It's life's illusions I recall

I really don't know life at all

I've looked at life from both sides now

From up and down, and still somehow

It's life's illusions I recall

I really don't know life at all 



Repescar artículos: THE GO-BETWEENS (Marzo 2003)

02.05.2013 // Banessa Pellisa

El sábado 4 de mayo, Robert Forster actuará en el festival Primera Persona organizado por dos ex-colaboradores y conspiradores de esta revista, Miqui Otero y Kiko Amat. 


Hace diez años, en marzo del 2003, The Go-Betweens publicaron un disco de canciones nuevas "Bright yellow, Bright Orange" y se re-editaron sus discos de los ochenta, tres de ellos junto con una versión lujosa del "16 Lovers Lane". Esta es la entrevista que mantuve con Robert Forster y publicamos en la revista en su número 32. Eran otros tiempos y escribíamos más torpemente, pero las canciones siguen ahí, la amabilidad y elegancia de Robert Forster también. 

 

 

Repescar artículos: THE GO-BETWEENS (Marzo 2003)

 

 

 

SENDERO LUMINOSO

 

 

The Go-Betweens alcanzan con "Bright Yellow, Bright Orange" una segunda adolescencia, más clara y luminosa de lo que la portada pueda sugerir –gotas de lluvia tropical repiqueteando en un paraguas verde. Lord Forster y Sir McLennan le ponen al mal tiempo, buena cara. 

 

 

Haciendo poco más que buenas canciones, The Go-Betweens llevan veinte años

ostentando títulos tan imponentes como "magos del pop", "la banda de culto definitiva" o "Lo que una banda de música pop debería ser en sueños". Toda una ironía puesto que lo más sorprendente del currículo de la banda australiana liderada por Robert Forster (compositor, guitarra y vocalista) y Grant McLennan (compositor y guitarrista) es que, la suya, es la biografía del desencuentro entre la fama y el prestigio, por antonomasia. 

 

 

Formados en 1978, el grupo publicó su primer disco "Send Me a Lullaby" (Rough Trade, 81) en su Australia natal, mudándose a Londres en 1982 respaldados por las buenas críticas recibidas y el apoyo de su compañía de entonces: Rough Trade, que poco después sufriría uno de los múltiples reveses económicos de su historia, con el consecuente despido de todos los 'proyectos por rentabilizar' entre los que se encontraban, The Go-Betweens. Con constantes cambios en su formación, el grupo encontró cierta estabilidad con Lindy Morrison en la batería y la cellista Amanda Brown, aunque no por mucho tiempo. Cuatro álbumes después de su accidentado debut, llegaba el testamento de la banda con el aclamado "16 Lovers Lane" (Beggars Banquet, 88), con el que el éxito, o algo parecido, parecía por fin reconciliarse con los de Brisbane, que ya contaban con el apoyo unánime e incondicional de la prensa especializada británica gracias a sus discos anteriores. Nada de eso consiguió mantener unida a la banda que, al año siguiente y tras once años como formación, decidió anunciar su despedida y el inicio de sendas carreras en solitario de Forster y McLennan.

 

 

La amistad que ha unido a los dos líderes de la banda durante todos estos años propició el reencuentro definitivo tras una gira de conciertos en 1999, que se materializó con la publicación de "The Friends Of Rachel Worth" (Clearspot, 01), un álbum fénix que devuelve al grupo a su Brisbane natal y precede notablemente a su más reciente "Bright Yellow, Bright Orange" (Clearspot / Red, 03). Robert Forster al teléfono tiene ganas de charlar y de explicarse.

 

 

Después de muchos años viviendo en el extranjero, ahora habéis vuelto a Brisbane. ¿Lo echabas de menos? ¿Qué tal te ha sentado dejar de ser 'el australiano' y volver a ser, simplemente, Robert Forster?

Bueno, no es que echara de menos Australia en sí, pero es cierto que cuando vives en tu propio país siempre eres sencillamente tú, y cuando estás en el extranjero te conviertes en una imagen distorsionada de ti mismo. Tiene que ver con muchos factores, la lengua, las costumbres... en casa sabes cómo funciona todo lo que te rodea, desde lo más complicado hasta las cosas más básicas como comprar un billete de autobús. Te ahorra una cantidad de energía y de tiempo que sólo aprecias cuando no los tienes. Es un ejemplo cualquiera, pero estar solo sentado en un café y entender las conversaciones de las otras mesas, o lo que dice la gente por la calle, te hace sentir muy seguro. Es una sensación complicada de explicar a quien no la ha vivido.

 

 

Se dice que el exilio voluntario es muy fructífero, creativamente hablando. Vosotros decidisteis ir a Londres en 1982 para desarrollar vuestra carrera ¿Vivir allí os proporcionó la libertad expresiva y la profesionalidad que andabais buscando?

Siempre digo lo mismo, pero creo que es muy cierto, Londres es una ciudad durísima si no tienes dinero, y cuando nosotros vivíamos allí no teníamos nada. En este sentido, mudarme a Alemania fue muy bueno para mí, porque tras pasar una etapa muy estresante y frustrante en Inglaterra llegué a una ciudad donde prácticamente no pasaba nada. Era un lugar muy bonito, en el sur de Alemania al este de Munich, y era un sitio estupendo para escribir canciones tranquilo, me daba la impresión de que estaba un poco fuera del mundo, desconectado de la vida real, un poco como flotando en mi mismo. Podía concentrarme al cien por cien en escribir y pensar, lo que estuvo muy bien al principio, pero al final empezó a ser un poco pesado. De golpe sentí la necesidad de volver al mundo exterior y salir de mi caparazón. Londres también fue muy interesante creativamente hablando pero a otro nivel más duro, las canciones que compuse allí son probablemente las más oscuras que he escrito en mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

En ese momento, había muchas expectativas creadas con respecto al grupo por parte de la discográfica y la crítica musical ¿Crees que se cumplieron?

Creo que no lo hicimos mal del todo, escribimos canciones bastante buenas, hicimos giras por todo el mundo, en Londres estábamos muy implicados en el mundillo artístico underground y la crítica nos trató muy bien. Quizás no vendimos tantos discos como algunos querían pero... Tuvimos que trabajar muy duro para conseguir lo que nos habíamos propuesto. Nos pasaron muchas cosas durante esta etapa, tanto a nivel personal como profesional. Tal vez demasiadas en tan poco tiempo.

 

 

Vuestra vida parece mucho más tranquila ahora, ¿Será porque ya sois padres de familia, gente responsable?

Seguramente, porque me sienta muy bien ser padre. Tengo la impresión de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado, disfruto mucho de mi vida familiar y del grupo también. La vida se ha vuelto mucho más fácil en los últimos años. Adele Pickvance (bajista) y Glenn Thompson (batería) también viven aquí y por ejemplo, la semana pasada tocamos en el Festival de Perth y todo fue muy sencillo de organizar, comparado con como era cuando vivía en Alemania. Sencillamente acordamos la fecha, cargamos una furgoneta y conducimos hasta recinto del festival.

 

 

También debe ser más sencillo para vosotros ahora que sois dos miembros estables en el grupo. Una conversación entre dos siempre es más íntima e introspectiva, ¿no?

Totalmente, pero la verdad es que hemos vuelto a la normalidad porque empezamos siendo dos y en el fondo siempre sentimos que el grupo éramos Grant y yo. Todo es más sencillo que antes, tomar decisiones, en general es mucho más fácil siendo dos que tres o cuatro. Cuando se es mucha gente en un grupo, se le dan demasiadas vueltas a ciertos temas prácticos y eso te hace perder una gran cantidad de tiempo que podrías invertir en hacer buenas canciones.

 

 

La mejor baza de The Go-Betweens ha sido siempre este equilibrio formal entre el carácter y el estilo de Grant y el tuyo propio. Por eso vuestros mejores discos son aquellos en los que tanto Grant como tu estabais igual de representados. ¿De verdad sois tan distintos como parece?

Somos distintos, pero también tenemos mucho en común. Grant es un poeta romántico de nuestros días y yo puedo ser más intelectual quizás. Para mi lo más importante de The Go-Betweens siempre ha sido mi amistad con Grant. Incluso cuando vivía en Alemania y el grupo no funcionaba, jamás perdimos el contacto. Hay un punto de encuentro entre la personalidad de Grant y la mía y ahí es donde se encuentra la personalidad del grupo.

 

 

¿Crees que es por eso por lo que vuestra música refleja tan bien el paso del tiempo?

Llevo un diario más o menos exhaustivo sobre mi día a día desde hace años y siempre recurro a él cuando tengo que escribir algún tema. Nuestra música es siempre un reflejo de nuestro estado de ánimo y de nuestras vidas. Por eso estos últimos discos son menos arty, que los de nuestra etapa londinense, o menos depresivos que los primeros discos que grabamos.

 

 

Pese a que este es vuestro ultimo trabajo, las canciones, su sonido e incluso la portada, desprenden un aire más 'juvenil' de lo habitual.

Sí, a mi también me lo parece. Será porque nos alimentamos de manera sana y equilibrada y llevamos una vida activa (risas). Cuando llevas tanto tiempo haciendo música es muy complicado no repetirte a ti mismo. Nuestro mayor esfuerzo está en intentar hacer siempre algo que no hayamos hecho antes. Sería ridículo hacer la misma música ahora que hace quince años. En este sentido, nuestro anterior disco "The Friends of Rachel Worth" inició una senda mucho más pop, que en este nuevo álbum va un poco más lejos y se vuelve más profunda y compacta.

 

 

Forster habla despacio y esgrime un sentido del humor elegante pero simpático, dice estar "absolutamente entusiasmado" con el nuevo disco y la próxima tanda de conciertos "No muchos, no tenemos ganas de pasarnos tres meses dando vueltas por el mundo". Antes de despedirse educadamente, redondea la entrevista: "Nuestra carrera no es muy convencional. Nos mudamos de continente para trabajar seriamente en el grupo, eso no es muy normal. Hemos conocido a mucha gente que ha colaborado en la banda, que ha influido en nuestro carácter y después de vivir todo tipo de experiencias extrañas, hemos vuelto a casa y nos hemos puesto a grabar discos de nuevo. Durante todo este tiempo nos hemos enamorado, nos hemos sentido decepcionados, ilusionados, melancólicos... y todas nuestras vivencias andan paralelas a nuestra evolución como músicos. Si lo piensas, la nuestra parece más la biografía de un escritor maldito, que la de una banda de pop-rock". 

 

 

 

Repescar artículos: THE GO-BETWEENS (Marzo 2003) 

 


El artículo se acompañaba de una apostilla sobre las (en ese momento) recientes re-ediciones de los tres discos clásicos de The Go-Betweens. Empieza hablando de tiempos de crisis en la industria musical, una crisis que en el 2003 había tomado a muchos por sorpresa.

 

 

Érase una vez...

 

Las reediciones se multiplican en tiempos de crisis. Se rentabilizan discos clásicos y seguros y otros que en su momento no cumplieron las expectativas de la compañía. Rascando de aquí y de allá se completan catálogos que ganan en dignidad lucrativamente: los del traje satisfechos y los fans contentos. La reedición de los tres primeros discos de The Go-Betweens, es una excusa ideal para repasar los inicios de la carrera de los australianos.

 

 

"Send Me A Lullaby" (Rough Trade, 81) es el primer disco de The Go-Betweens y, como ocurre con tantos discos de debut, persigue y sugiere más que consigue, aunque se mantiene en buena forma con el paso de los años. El disco llamó la atención de la crítica musical del momento que buscó en el grupo la penúltima esperanza pop de las antípodas. Con este disco empezaron los problemas de la banda para conseguir un contrato discográfico definitivo, lo que propició un cierto caos alrededor del grupo que se tradujo en una ignorancia absoluta por parte de las listas de éxitos. Finalmente, y tras un intento de fichaje de Beserkley Records, el disco lo publicó Rough Trade en el Reino Unido.

 

 

"Before Hollywood" (Rough Trade, 83) es según el propio Forster "Mi disco favorito". Pero ante todo es un reflejo fiel de su primera etapa en Londres y un disco tan complejo como brillante. También fue el último disco que publicaron con Rough Trade, que atravesaba una importante crisis económica por aquella época. A partir de entonces empezaron una serie de tentativas frustradas de fichar por Sire UK y Elektra (que también renunciaron al grupo por problemas económicos en sus oficinas inglesas.) Contiene uno de los temas más aplaudidos del grupo, "Cattle and Cane" y considerada, anecdóticamente, como una de las diez mejores canciones australianas de todos los tiempos. En la reedición de Circus Records se incluye el video-clip del tema, una mezcla de intenciones arty y lírica pop.

 

 

"Spring Hill Fair" (Sire, 84) el tercer álbum del grupo, cierra la serie de reediciones. Finalmente la delegación americana de Sire Records acabó publicando el disco. Es considerado como el disco más mediocre del grupo pero "Five Words Out" y "The Old Way Out" destacan con tanta fuerza que nadie se atrevería a discutir su calidad. 

 

 



"Not guilty"

08.04.2013 // Banessa Pellisa

Desde hace unos meses contamos con una nueva sección en la revista para su lectura y disfrute. Se llama Guilty Pleasures que en inglés es una "collocation" muy común para definir pasiones que nos avergüenza admitir. Se traduce literalmente como 'placer culpable', aunque sería mejor traducirlo por 'placer culpabilizante'. A decir verdad, no sé si existe la palabra 'culpabilizante'. Si quieren se pueden reír a escondidas. A mi, así, tal cual, en castellano, 'placer culpable' me recuerda más a una antigua práctica sexual maorí que al contenido de una revista de crítica musical, pero da igual.

 

Al recibir el email del coordinador de redacción en el que nos pedían propuestas con las que llenar el nuevo espacio, me atacó la euforia de siempre y se me ocurrieron mil ideas con las que machaqué a la revista. Al día siguiente, como pasa a veces, me resarcí de todas ellas.

 

Primero Manu González, después Virginia Arroyo y ahora Joan Cabot han escrito artículos para la sección. Pueden leerlos aquí

 

Vivo lejos y eso significa que, a menos que vengan a visitarme, no veo a los colaboradores de la revista en los bares. ¿Joan Cabot? No sé qué cara tiene. Le leo siempre. Tiene muchísima labia y sus textos siempre son muy graciosos. Esta vez no ha fallado y puedo confirmar, con gran satisfacción, que me gusta su arenga inicial sobre la propuesta de la sección. "¿Qué clase de persona sólo habla bien de la música socialmente aceptada como guay y reniega de disco y artistas que le gustan en público?" A continuación añade que "yo nací en Bunyola, Mallorca. Nacemos capados genéticamente para ser guays". Yo soy de Reus. Somos guays pero a nivel 'noucentista'. Nacemos capados genéticamente para ser modernos.

 

Joan tiene razón.

 

 

 

 

 

 

Aunque no todo el rato. Si Joan y yo nos encontráramos en los bares podríamos, si él quisiera, hablar de Bruce. Del "Tunnel of Love", incluso. Podríamos hablar de la última biografía de Peter Ames Carlin, que no está muy bien escrita pero le da mucha importancia a algo guay: Bruce recorriendo las calles de su infancia conduciendo solo a medianoche. (Conducir es importante en su imaginario y, creo que es porque se sacó el carnet tarde. Es un gran tema de conversación). La última vez que me miré al espejo seguía siendo una chica.

 

También habla de Axl Rose y, lo cierto, es que a veces es complicado defenderle. No le considero un gran letrista, como bien saben algunos de mis allegados, pero dudo que nadie reniegue de sus discos. Hace un par de años en Badalona, en uno de los últimos conciertos dignos que ha dado (las giras posteriores van de mal en peor), me encontré con Jordi Meya y Hugo de Comingues. ¿Reniegan ellos de Axl? No sé, a ratos quizás. No reniegan del "Appetite", eso seguro, ni de la magnífica coda de "Prostitute". Yo no lo hago.

 

Joan, Manu y Virginia se mueven por la sección con la bravura que les caracteriza en otros textos: no están por tonterías y no quieren ver como la gentuza manosea a sus artistas favoritos. Estoy con ellos. Pero le han dado la vuelta a la sección como un estudiante de Erasmus hace con los calcetines (así duran dos días.) Joan no se siente culpable por lo mucho que le gusta el "Appetite". Quiere haceros sentir culpables a vosotros porque NO OS GUSTA.

 

A día de hoy, aún no tengo decidido si escribiré algo en la sección. No sé de qué hablar. No consigo avergonzarme de nada de lo que me gusta, ninguno de mis discos favoritos me hace sentir culpable y ya os criminalizo lo suficiente mes a mes, queridos lectores, para encontrarle un aliciente a estas alturas de la jugada.

 

En mi para nada modesta opinión, creo que nada es inocente, pero no admito la existencia de los guilty pleasures. Existe el gusto, bueno o malo, feo o bonito, y punto. Dick, Barry y Rob en Alta Fidelidad están de acuerdo en que: < > ¡Pobre cita! Muchos la transformaron y empezaron a hablar al revés. Somos lo que no nos gusta. Seguro que la han oído antes, puesto que mucha gente la utiliza para defenderse de ataques sociales. Pero, ¡es que Nick Hornby estaba siendo irónico! No, no es el gusto lo que nos define. Voy a contaros una cosa que he descubierto: el carácter. Para definir a las personas va incluso mejor que echar un vistazo a su colección de discos.

 

Mi gusto es disoluto. Mmmh... "Flashlight" de Parliament-Funkadelic. A mi me encanta y no me siento culpable por ello, pero si me veis bailando esta canción con los brazos en alto y dando palmas al aire, la vergüenza la pasareis vosotros. 



Las listas (más vale tarde que nunca)

22.01.2013 // Banessa Pellisa

Veréis, el problema es que yo me tomo esto de la música más en serio de lo que debería.

 

Creo firmemente en la idea del criterio por encima de la palabra escrita y pienso que, si me leéis, no es porque os guste mi estilo o mis sandeces os parezcan dignas de elogio.

 

Si me leéis es porque creéis que esta santa casa, vuestra revista de cabecera, vuestro indispensable Go Mag es una fuente constante de inspiración y buen criterio.

 

Si os empezáis a leer una columna titulada 'Las listas' el 20 de enero, no es porque os apetezca seguirme en mis disquisiciones, por profundas que estas sean, si no porque queréis saber qué ha votado David, qué piensa Vidal, de quién se ha enamorado Albert o qué baila Virginia... Queréis saber por qué el disco de Tame Impala es el primero y a qué viene que el disco de Sigúr Rós haya quedado tan abajo y en cambio, el de Julia Holter esté ahí en medio, sin relucir todo lo que merece, un pelín oscurecido por el de Godspeed y... bien, ya sabéis a qué me refiero.

 

Aquí estamos todo el día con esto. Para mi, una lista de discos buenos, certificadamente buenos, es una cosa maravilosa, una herramienta infalible para cualquier aficionado a la música. Tan sólo falta decidir por cuál empezar.

 

Me gusta participar de esta lista, me gusta el excel con el que llevan las cuentas en la oficina (tres puntos para Jack White, quince para Swans...) y me gusta intentar imaginarme nuestra apuesta dentro de diez años o quince, los discos que les quedan por hacer y los que se quedarán por grabar. 

 

Así que mi sorpresa fue mayúscula cuando hace apenas unas semanas, una tarde de diciembre, mientras preparaba el artículo sobre lo mejor del pop-rock internacional del 2012 para la revista, me quedé en blanco. No fue grave, pero me dejó mal sabor de boca. No acostumbro a quedarme sin nada qué decir. Más bien soy del tipo parlanchina-bocazas. No sabría como explicarlo. Quizás debería exponer los antecedentes.

 

Cuando llega el momento de atacar este artículo a finales de diciembre tengo por costumbre pasear, por donde sea que esté viviendo en ese momento, con el ipod cargado de candidatos a mejor lo-que-sea. Escucho los discos enteros, uno a uno, y camino por calles llenas de gente cargada de bolsas, regalos y nervios, poniendo los discos a prueba durante días hasta que estoy segura, plenamente convencida, de lo que voy a votar. A menudo, me llevo sorpresas muy agradables.

 

 

Las listas (más vale tarde que nunca) 

 

 

 

Este año no fue así. Día tras día, atacaba los discos desde diferentes flancos. Nada. Nada. Nada. Álbumes que creía imbatibles, cuando competían por mi atención, se revelaron más débiles que un libro en un escaparate. Canciones por las que habría dado la vida sin dudarlo diez días antes, se esfumaron cuando a la hora de la merienda una pastelería me ofrecía croissants recién hechos.A ver, no digo yo que todo sea culpa de los discos, puede que sea cosa mía (y de la droga que le echan a los croissants recién hechos) pero, un disco del año, ¿no debería estar por encima de esto? ¿El mejor disco del año, al menos?

 

A principios del 2012, pensé que votaría el disco de Cat Power, porque seguro, segurito, iba a ser bueno. WRONG! Luego, pensé en The XX. Bueno, sí. Número 1, no. WRONG! Django Django les hacen justicia a Beta Band, que es mi hidden agenda desde hace cinco años. Pero no valen. No llegan. WRONG! Más que ningún otro año, he escuchado discos fantásticos, emocionantes y singulares, pero a la hora de elegir no sabía qué hacer. ¿El mejor de los mejores? Ni idea.

 

Algún compañero ha apuntado a la falta de sorpresa como factor determinante en mi indecisión. Muchos de los discos de la lista son segundos álbumes (o terceros o cuartos) de grupos que nos encantan. Ahí está la lista como prueba, la de todos, sumada con dedicación de contable por nuestros santos de la redacción. No sé qué decirles. Hay disco buenos, se lo garantizo, pero no son los que yo creía que iban a ser. Quién sabe si con más tiempo quizás hubiera re-dirigido la mirada hacia otra lista: la de folk, la de electrónica o la de singles y me hubiera ahorrado un disgusto.

 

Al final, me quedé con el disco de Tame Impala, como hicieron muchos de mis colegas. Es un disco nuevo, de producción brutal, antigua y limpia, por la que muchos grupos ofrecerían en sacrificio el brazo derecho de su batería.

 

No sé si es el disco más bueno del 2012 pero, como siempre nos recuerdan aquí, el número 1 tiene que ser representativo de la temporada. Cuando miramos atrás, y ya son doce años los que llevo escribiendo en Go, miro las listas y sus ganadores y lo que pasó en esos doce meses viene claro a la memoria. The Postal Service, James Blake, Fleet Foxes, Wilco, Four Tet, Burial, Arcade Fire, Kanye West, The Streets, Sigur Rós, Herbert... ¿Qué tal? Como madalenas, ¿verdad? La música de 365 días no se resume en un sólo disco, pero a ratos parece que sí. 




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