Entrevistas

Lüger
Apenas un par de años les han bastado a los madrileños Lüger para revelarse como una de las grandes bandas de este país. Una banda que comenzó enrocada en el space rock, pero que cada vez tiene las miras más amplias; que cimentó su fama en unos directos salvajes, capaces de hacer temblar cualquier garito que se les pusiera por delante, y que ha terminado por estallar en el estupendo "Concrete light", un segundo asalto que se ha alzado hasta lo más alto de la lista de discos nacionales de esta santa casa. Lüger tocará los próximos 13 de enero (La Residencia, Valencia) y 9 (Bilborrock, Bilbao), 10 (Ibú Hots, Vitoria-Gasteiz), 23 (Planta Baja, Granada), 24 (12 y Medio, Murcia) y 30 de marzo (La Vaca, Ponferrada) 

Lüger

Progresión geométrica

Vidal Romero / Fotos Mariano Regidor

Cuenta Mario Zamora, teclista de la banda, que la idea de Lüger surgió hace tres años, de una manera casual. "Comenzamos a ensayar con la intención de pasar el rato al margen de los grupos en los que estábamos cada uno por entonces", pero como sucede a veces en estos casos, terminaron por dedicar más y más tiempo al supuesto divertimento, hasta que llegó un momento en el que éste terminó por fagocitar a los otros proyectos. Cuenta también que el nombre de la banda, Lüger, no es un homenaje al clásico modelo de pistola de origen alemán (que no estaría fuera de lugar, dadas sus evidentes filias por el kraut rock), sino "una marca de pastillas que ya no existe, y que servían para combatir una extraña dolencia que padecía nuestro anterior cantante. Fue él quien le puso el nombre al grupo y, como siempre nos ha sonado bien, así se ha quedado". Y eso a pesar de que ese cantante, Diego Veiga, abandonó el proyecto hará un año y medio, para ser sustituido por Edu Giradiscos. "A Edu le conocíamos porque había publicado nuestro primer disco", el muy rasposo y psicodélico "Lüger" (Giradiscos, 09). "Grabado en directo, en apenas un día y medio, en el estudio que Paco Loco tiene montado en el Puerto de Santa María", mucha de la urgencia y el atropello que transmite ese disco se deben precisamente a esas condiciones tan adversas, que obligaron a la banda a trabajar casi como si estuviera en lo alto de un escenario. Claro que esa supuesta adversidad se convierte en ventaja para unos tipos que disfrutan de los conciertos, que se crecen cuando los amplificadores echan chispas.
No es casual, entonces, que sus temas "surjan siempre en el local de ensayo, sin manejar ideas traídas de casa. Es cuestión de llegar, enchufarse, machacar un riff, una línea melódica o un ritmo e ir sacando algo en claro después de un buen rato de libre albedrío". Una manera de escribir que lo fía todo al trabajo en equipo, a ese chispazo de inspiración que sólo surge cuando se ha creado un caldo de cultivo apropiado, en el que la improvisación es casi un modo de vida. De hecho, Mario reconoce que "en directo se deja un pequeño recodo a la 'improvisación amarrada'. Los temas quedan grabados de un modo, pero consideramos que son un material en evolución y que pueden sufrir variaciones en el directo. Y de hecho", remata, "no es que puedan, sino que deben".

 

Lüger

 

Parte de esa inestabilidad, de ese guiño a lo imprevisible que es marca de la casa, se refleja en "Concrete light" (Marxophone, 11), un segundo disco que "se grabó en Madrid, también en directo y en el doble de tiempo que en el primero, un total de tres días". Dice Mario que ellos no creen "que existan diferencias muy reseñables entre los dos discos, dado que ha pasado muy poco tiempo entre ellos", pero no deben hacerle caso. Primero porque la producción es mucho más luminosa y detallista, y eso permite que las canciones afilen sus bordes y pinchen con más fuerza. Y segundo porque el abanico estilístico se amplía, y va mucho más allá de la kosmische y el space rock para acercarse al punk primitivo de Detroit, al rock progresivo y hasta a paisajes orientalistas. "Es cierto que el ligero cambio de formación ha podido verse reflejado en un sonido más compacto y espacial", reconoce, "un sonido menos pop y que prescinde algo más de las voces". De unas voces que, pese al babel de idiomas que manejan, funcionan más como elementos atmosféricos que como transmisoras de un mensaje. "No nos tomamos muy en serio los títulos de las canciones, y de hecho casi nunca tienen que ver ni siquiera con la propia canción a la que dan nombre", confirma. "Son cosas que sólo nosotros sabemos de dónde vienen o qué representan".

 

Lüger

 

Conscientes de que su propuesta es, como mínimo, singular dentro de un país en el que no terminan de verse con buenos ojos las propuestas que se acercan a territorios progresivos, en Lüger hacen de la necesidad bandera y se gestionan todo de manera autónoma: desde la organización de giras o la promoción, a la publicación de sus propios discos. Y en cuanto a este último aspecto, la cosa está también clara: edición en vinilo y descarga gratuita, para que cualquiera pueda escuchar sus temas sin miedo a que los sicarios de la Sinde (o de quien sea que la suceda) echen su puerta abajo. "El formato es una necesidad, no una reivindicación", explica Mario. "No nos consideramos músicos pero sí amantes de la música y, dentro de lo posible, compradores. Y cuando compramos, el vinilo es el formato que preferimos por encima de todo. En cuanto a regalar el disco en formato digital, estamos convencidos de que es la mejor herramienta para la difusión y la promoción de nuestra música. Lo tenemos muy claro, porque es la manera en la que solemos actuar nosotros mismos cuando nos gusta un grupo: descargamos su disco, lo escuchamos, vamos a su concierto y, si nos molan, nos compramos una copia de verdad".

 

Lüger tocará los próximos 13 de enero (La Residencia, Valencia) y 9 (Bilborrock, Bilbao), 10 (Ibú Hots, Vitoria-Gasteiz), 23 (Planta Baja, Granada), 24 (12 y Medio, Murcia) y 30 de marzo (La Vaca, Ponferrada) 

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