Entrevistas
Oneohtrix Point Never
Aquellos chalados en sus locos cacharros
Con motivo de la decimocuarta edición de la Red Bull Music Academy, el arisco Daniel Lopatin se acercó por Madrid para dar una lectura para los alumnos del segundo turno y un concierto un par de días después en La Casa Encendida. Muchos de los que trabajamos en el negocio ya conocíamos la dificultad de acercarse al hierático, imperturbable y todavía veinteañero nacido en Boston, pero lo que en principio era una cita concertada para que un servidor le entrevistara el día de su llegada, se convirtió en un angosto proceso que se extendió hasta cuatro semanas, lleno de llamadas, mails sin contestación, nervios y misterio en un interminable mes de noviembre en el que dos entrevistas nos fueron abortadas sin ningún tipo de explicación. Mientras escribo estas líneas, sigo esperando feedback de Lopatin: no parece que vaya a llegar, así que muchas de las declaraciones que se disponen a leer en este artículo están extraídas de la charla que el de Brooklyn dio en la Nave de Música del Matadero de Madrid. Es lo que hay. Den las gracias.
Crecido en los suburbios de Boston, de madre y padre rusos y desde 2008 residente en el barrio de Greenpoint (Brooklyn, Nueva York), Lopatin tiene un background personal que le enmarca dentro del freakismo más extremo dentro de los creadores de nuestros tiempos con inquietudes, discurso y coartada arty. Forjada en la tradición comunista, su familia tenía un pasado musical que nos pone en antecedentes: "Mi padre amaba a Joe Cocker, la música clásica en general y el folklore ruso de los 60". Su madre era pianista clásica además de productora en la radio pública soviética; él músico de rock psicodélico criado en Ucrania y también pianista. Casi nada. En 1982 su familia abandonó San Petersburgo dirección Estados Unidos.
"Replica" (Software-Mexican Summer / Coop, 11) de Oneohtrix Point Never (número ocho en la lista de los mejores discos del 2011 de Go Mag) ha confirmado lo que los bocetos desfigurados del recopilatorio "Rifts" (No Fun, 09), los posteriores apuntes en vieja carbonilla de "Betrayed in the dragon" (DI, 07), "Transmat memories" (Taped Sounds, 08) o "Zones without people" (Arbor, 09) y los limitadísimos y buscados casetes "Synth night" y el split junto a Outer Space (09) venían anunciando hasta que el imprescindible noise crepuscular de "Returnal" (Editions Mego, 10) nos estalló en toda la cara. "Estaba a punto de graduarme por aquel entonces. Lo grabé entero en verano en una habitación con aire acondicionado, estaba todo el tiempo encendido. Está claro que odio el verano, llevo fatal lo de sudar". Desde entonces, la música de Lopatin no ha parado de crecer para, durante este 2011, multiplicarse de una forma asombrosa en varias direcciones del mapamundi. "En YouTube hay un montón de cosas interesantes, fíjate por ejemplo en 'Burning dreams' (impresionante y bello documental de Wayne Peng), me reveló que todos los artistas interesantes de hoy en día tienen un particular punto de vista. Por ejemplo, el espíritu y la intensidad de Werner Herzog".
Lopatin ha dividido su proceso creativo ahora en dos naves nodrizas, impulsando nuevos retos que le llevan a la autogestión editorial con su recién creado sello Software, con tres flamantes referencias ya en la calle: un doce pulgadas de Airbird, el EP en clave ambient de Harmonizer y su disco a medias con Joel Ford (Tigercity) en el proyecto paralelo y continuista tras Games, Ford & Lopatin y el largo "Channel pressure", álbum centrado más en el revivalismo de sintetizadores de los 80 que en su habitual exploración sensorial. En su más reciente disco, sin embargo, los 80 son utilizados para extraer sampleados de anuncio; los pianos cacofónicos y las capas de sonido además impulsan un paso más a Lopatin hacia nuevas fronteras sonoras y nos dejan un disco con, por fin, canciones estructuradas como tales: "Grabé el álbum entero en un estudio y de forma mucho más professional aprendiendo cosas sin parar sobre la tecnología, especialmente el pro-tools, una herramienta esencial a día de hoy. Al, mi ingeniero de sonido, me hacía grabar los sampleados en una toma, luego utilizábamos los arreglos que yo tenía en mi cabeza. Así una canción tras otra". Volviendo a la década de los 80 de la cual Lopatin succiona muchas de sus ideas, se nos plantean algunas de las preguntas que ya se apuntan en el reciente "Retromania: Pop culture's addiction to its own past" (sin edición todavía en España) de Simon Reynolds. La retroalimentación musical entre distintas generaciones y algunas de las incapacidades para seguir avanzando sin tener necesariamente que recurrir al pasado, de hecho, Oneohtrix Point Never es citado en muchos pasajes del libro y colocado en el mismo plano que Panda Bear, Ariel Pink o Boards Of Canada. "Mi interior, mi cerebro, está siempre cuestionándose el arte, mis ideas y la música: no creo que todo eso dependa de mi estética musical. Busco las ideas y creo en ellas de muchas formas distintas. Busco mis razones y me motivo con ellas".
Si bien es cierto que la música del de Brooklyn se nutre de elementos que, nunca mejor dicho, se toman prestados del pasado y en el que mucha gente de nuestra generación nos vemos reconocidos, la forma en que se reinterpretan adquieren una nueva dimensión. Alimentada por oscuros bucles en espiral, pianos tétricos que te entran por la espina dorsal y burbujeantes loops, encadenando romanticismo y tensión espástica mezclada con esa compleja sensación que te invade cuando estás entrando en el mundo de los sueños. La nostalgia es utilizada aquí de una forma inteligente, para nada sutil, sui generis. Lopatin hace folklore de nuestros tiempos, troceando melodías que encuentra en internet ("es muy fácil utilizar el audio que circula por la red") y trasformándolas en ágiles pero poliédricos puzzles sonoros.
Si en "Retromania" se habla de las conexiones del pasado con el presente, las series "Frkwys" del aclamado sello neoyorkino RVNG nos plantea la posibilidad de escuchar a distintas generaciones de músicos de calado experimental colaborando en una misma grabación, algunas veces a modo de ensemble, otras remezclándose. Sin llegar a ser en ningún momento un supergrupo, para el volumen 7 de las series, Daniel Lopatin entró en el estudio a grabar con James Ferraro, Samuel Godin, Laurel Halo o el compositor minimalista David Borden, fundador de la Mother Mallard's Portable Masterpiece Company, la cual ya en 1969 hacía versiones con Moog de Terry Riley, Steve Reich o Philip Glass. "Tuvimos que utilizar la manera de grabar del jazz: improvisación pura. Aparentemente no había líder, pero nos salió un disco de ambient bastante bueno".
Volviendo a la utilización de los sampleados, Lopatin nos da la clave de la primera canción que le llamó la atención en la utilización de la herramienta; es "Robin Hood theory" de Gang Starr: "DJ Premier es un héroe para mí. Con 'Moment of truth' caí fascinado ya en la primera escucha". Lopatin incluyó recientemente ese disco entre sus 13 favoritos en una publicación online en la que también entraron el "Selected ambient works vol. II" de Aphex Twin, "Discreet music" de Brian Eno, "Loveless" de My Bloody Valentine, "Music of my mind" de Stevie Wonder, "Shri camel" de Terry Riley o la banda sonora de la película de Mathieu Kasovitz, "La haine" y que nos pone en la pista de alguno de sus futuribles proyectos, musicar una película. Habría pues que preguntarse qué tipo de film le iría como un guante, aunque uno se decanta por el terror o la ciencia ficción. Show must go on, Mister Lopatin.

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