Entrevistas
The Horrors
De oscuros, nada
No es fácil hincarle el colmillo a The Horrors. Su álbum de debut, garajero y gamberro, situó a la banda inglesa en el punto de mira de las afiladas plumas de la crítica especializada, que no se cortó en lanzar perlas como "grupo de un solo disco", "moda pasajera" o "producto trendy", esto último basado en un argumento tan frágil (y poco especializado) como el de su estética, particular y cuidada hasta el extremo, que los colocaba peligrosamente cerca del empachoso movimiento emo, todavía pujante en 2007.
Es verdad que aquel primer "Strange house" despistaba lo suyo. Tenía la visceralidad de un quinteto que apenas llegaba a los 20 años de edad, once cortes que parecían arrancados de las entrañas de un oscuro local de ensayo de las afueras de Essex después de unas cuantas veladas de birras y desparrame. Una inmediatez que resulta difícil de mantener cuando van llegando los siguientes discos. A esas alturas ya había unas cuantas bandas estadounidenses, como The Strokes, Black Rebel Motorcycle Club o Kings of Leon, que habían visto cómo se les otorgaba, y despojaba en tiempo récord, el dudoso título de "la esperanza del rock", y muchos vieron en The Horrors la versión inglesa de este fenómeno de ensalzamiento y hundimiento instantáneo.
No ayudaban mucho a su imagen de músicos solventes sus desmanes en los escenarios, como en su primera visita a Madrid, en la sala Moby Dick. El cantante, Faris Rotter, después de destrozar el atrezo náutico que decoraba la sala descolgó la bola de espejos, que un público entusiasmado se apresuró a golpear en un improvisado partido de voleibol, de manera que cada vez que el esférico de cristal volaba sobre sus cabezas iba más y más teñido de sangre. Episodios como este, y el del impactante vídeo que facturó Chris Cunningham para el tema "Sheena is a parasite", excesivo para la conservadora MTV que se negó a emitir la imagen de una joven que, literalmente, se saca las vísceras a ritmo de drum'n'bass, desviaron la atención de lo que realmente importaba, aquella banda tocaba endemoniadamente bien.
Y en estas llegó su segundo largo, "Primary colors" (XL, 09). Un viraje claro a un sonido más cuidado y complejo pero sin los facilismos en los que han caído tantos grupos coetáneos que, ante la falta de inspiración, abusan de la épica tirando de profusas pedaleras y bases rítmicas desorbitadas (cuánto daño ha hecho U2 en este sentido). The Horrors ya no sonaban con la espontaneidad del primer disco, su rollo garajero quedaba un paso por detrás, pero a cambio supieron aunar la contención de bandas mucho más maduras con la experimentación de quien todavía está empezando, y el resultado fue un trabajo soberbio para el que no cabía discusión: pocas veces un segundo disco ha confirmado de forma tan aplastante la calidad de una banda.
Este mes sale a la calle "Skying" (XL / ¡Pop Stock!, 11), y una vez más se reinventan, pero sin hacer mucho ruido. De hecho, poco queda del ruidoso sonido de sus inicios. Todo avanza con la dosis justa: un grado más de complejidad sonora, de cuidado en las melodías, de detalle. Faris Rotter moldea más su voz y el resto de la banda aumenta sus registros hasta límites inabarcables, del post-punk al krautrock pasando por la psicodelia setentera, con un alto obligado en "Moving further away", una joya de más de ocho minutos de indudable regusto Sonic Youth. Y todo eso sin descuidar su reconocida capacidad para facturar hitazos a la primera escucha: "I can see through you" y "Monica gems" inundarán seguro las emisoras de medio mundo.
Un trabajo elegante y penumbroso, aunque el guitarra, Joshua Third, y el teclista, Spider Webb (nombres artísticos, claro está), nieguen esto último. Ellos defienden que es un disco optimista y se reconocen felices, sin dobleces, lejos de la pose siniestra que muchos les achacan. Hablamos de esto, de la que liaron en la Moby Dick hace cuatro años y de todo lo que dio de sí el encuentro frente a unas cañas en una terraza del centro de Madrid.
Este disco tiene muy poco que ver con el primero.
(Spider) Empezamos hace cinco años y no queremos hacer la misma música siempre, sino experimentar con nuevas ideas. Cuando componemos un álbum buscamos otros sonidos, no queremos quedarnos en el mismo sitio... Cinco años es mucho tiempo y dan para evolucionar, ¿no?
Vuestro primer disco me recordaba a The Cramps, The Stooges... Pero ahora me viene a la cabeza Joy Division.
(Spider) Es algo que dicen a menudo de nosotros, y mira, venía hoy en el avión escuchando el disco y pensaba, ¿a quién se le ocurre compararnos con Joy Division? No oigo ni un solo sonido que recuerde a esa banda. Ellos tenían un estilo muy oscuro, frío, gris, muy... lóbrego. Nuestro disco está lleno de color, de excitación, de mensajes positivos, de entusiasmo. Es justo lo contrario.
Y cuando os meten en el mismo saco de grupos a los que comparan constantemente con Joy Division, como Editors o Interpol, ¿os sentís incómodos en esa posición?
(Spider) Sí, definitivamente. Yo no escucho a esas bandas, no me gusta su música. Probablemente no quieran sonar como Joy Division, creo que quieren revivir el espíritu Manchester de aquella época. Y tal vez consigan tener un aire a todo aquello, y desde luego son grupos exitosos, pero no es en absoluto como nosotros queremos sonar. No tenemos nada que ver con ellos.
Dadme una pista, ¿qué escucháis en casa actualmente?
(Spider) Diferentes tipos de música. Soy un absoluto fan y coleccionista de la psicodelia británica, bandas como Pink Floyd o Kaleidoscope... También tengo singles de grupos españoles de los 60, como Los Salvajes, Los Brincos, Los Bravos... No tienen necesariamente que ver con The Horrors, pero me he vuelto un coleccionista compulsivo de pop de los 60. Y también nos interesa la electrónica, ahora mismo estamos fascinados con dos tipos alemanes, Cluster, que empezaron en los 70.
(En este punto, Joshua Third sonríe y enseña los colmillos. Literalmente, los lleva tan afilados como los protagonistas de "True blood". Algo me dice que no son naturales. Interviene en la conversación por primera vez). Escuchamos de todo. También el blues de los inicios, como Charlie Patton. Y techno. Nos encanta Kraftwerk.
(Los dos vuelven a Joy Division y se enzarzan en un debate, Spider) Nos parece una banda maravillosa, y sí es posible que nos inspirara al principio.
(Joshua) Pero no en este disco. No hay rastro de ellos.
De modo que vosotros, de oscuros, nada.
(Spider) La razón por la que ahora nos inspira la música electrónica, el techno o incluso el house, es porque estamos pasando un buen momento. Y no es esa música, sino esas sensaciones las que se transmiten al disco.
¿Y qué hay de quienes os tachan de siniestros por vuestra forma de vestir?
(Spider) Nadie debería juzgar nuestra música porque vistamos de negro. Nuestro disco es luminoso.
Después de esto me cuesta relacionaros con una influencia musical concreta. ¿Qué os inspira realmente?
(Spider) A mí no, pero se que a Faris (el cantante) sí le influye mucho la literatura como letrista. ¿Y a ti como guitarrista?
(Se dirige a Joshua, que vuelve a enseñar sus formidables colmillos) A mí me inspira la ciencia (es licenciado en Física), leo constantemente publicaciones científicas de gente que trata de crear algo nuevo... Eso me inspira.
(Spider Webb retoma el hilo) A mí me inspira todo lo que te haga sentir algo. Como cuando tomas drogas y eres feliz, o sencillamente eres feliz sin tomar nada. Creo en la capacidad de la música para reconducir todo esto.
Este álbum lo habéis grabado y producido vosotros mismos en vuestro propio estudio. Y a la vista está que el resultado es brillante. ¿Cómo habéis mantenido el rigor de ir todos los días a trabajar sin depender de nadie?
(Spider) Llegábamos al estudio al mediodía y estábamos allí hasta las tres de la mañana, volvíamos a casa andando porque vivimos cerca, y al día siguiente otra vez lo mismo... Así desde septiembre. Eso sí, los fines de semana nos tomábamos un respiro. Eran sagrados. Necesitábamos esos momentos de escape, salir por ahí, inspirarnos en cosas ajenas al estudio. Como cualquier trabajador, íbamos al curro cinco días a la semana.
(Joshua) Era imprescindible ese momento de desconexión los fines de semana. Si no, el disco no hubiera sido posible.
Hablemos de vuestro concierto en la Moby Dick hace cuatro años. Aún se comenta la que liasteis.
(Los dos sonríen al mismo tiempo. Han tocado en mil sitios por todo el mundo desde entonces, pero saben al instante de lo que les hablo, Spider) La única gente que criticó aquello fue precisamente la que no estuvo allí. Fue algo maravilloso, al público se le veía entusiasmado, se generó una energía muy especial en aquella sala.
A la gente le sangraban las manos cuando se pasaba la bola de espejos.
(Spider) No parecían sentir dolor en aquellos momentos, se les veía felices, aquello fue un momento muy especial. La gente no supo realmente qué había pasado hasta el día siguiente (ríe).
(Joshua) Estaban extasiados. No somos una banda oscura, en serio. Transmitimos felicidad (Sonríe y vuelve a mostrarme sus colmillos vampíricos. Y sin saber por qué, le creo a pies juntillas).


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